La prensa internacional descubre hoy en el Mundial de fútbol 2026 una América Latina que existe solo en el margen del espectáculo. El País América, en su cobertura del partido inaugural entre Estados Unidos y Paraguay en Los Ángeles, estructura la noticia de un modo que revela algo incómodo sobre cómo se observa la región desde afuera: Paraguay aparece en el relato únicamente como obstáculo, como defensa formidable a ser desarmada, pero no como protagonista de su propia historia.
El encuadre es revelador en su economía. Se dedican párrafos enteros a la ceremonia de inauguración, a los artistas que actuarán, a la capacidad del estadio. Se menciona que el técnico estadounidense es argentino, Mauricio Pochettino, un detalle que subraya la circulación de talento latinoamericano hacia el norte. Se reconoce que Paraguay tiene "una de las defensas más formidables del continente americano" y que en dieciocho partidos bajo el mando de Gustavo Alfaro apenas han recibido diez goles. Pero todo esto se presenta como contexto, como dato táctico, no como narrativa propia.
Lo que la cobertura omite es más significativo que lo que incluye. Paraguay no es una selección que llega a una inauguración mundial; es una selección que existe en la medida en que representa un desafío para Estados Unidos. Su trayectoria defensiva, su estabilidad táctica, su capacidad de competencia, se mencionan solo para explicar por qué el partido "se perfila como un enfrentamiento cerrado". La agencia de Paraguay en el relato es pasiva: será desarmada o no será desarmada. Será superada o resistirá. Pero no tiene voz propia en la construcción del significado.
Esta es una característica persistente en cómo la prensa extranjera observa a América Latina en momentos de visibilidad global. El torneo es "el primer Mundial con tres anfitriones", se nos recuerda. México, Estados Unidos y Canadá son los escenarios. América Latina aparece, cuando aparece, como participante en un evento cuya narrativa central es norteamericana. Los artistas que actúan en la ceremonia incluyen a Anitta, la brasileña, y a Rema, que canta afrobeats, pero se mencionan junto a Katy Perry y Future, en un elenco donde la jerarquía de relevancia es evidente. La región aporta sabor, ritmo, color. Aporta también jugadores, técnicos, defensas impenetrables. Pero no aporta el marco interpretativo desde el cual se cuenta la historia.
Lo que merece atención es que esta invisibilidad narrativa ocurre precisamente cuando América Latina tiene más visibilidad mediática. Un Mundial con tres países anfitriones, donde dos de ellos son norteamericanos, es un evento que permite a la prensa internacional contar una historia de integración continental donde la región es integrada, no protagonista de su propia integración. Paraguay juega en Los Ángeles, bajo luces estadounidenses, en un estadio de setenta mil espectadores que será testigo de cómo una defensa sudamericana enfrenta a un equipo dirigido por un técnico sudamericano pero que representa los intereses deportivos de Estados Unidos.
No hay nada nuevo en esto. Pero el momento lo hace particularmente visible. En un evento donde América Latina debería tener voz amplificada, la prensa internacional ha elegido amplificar todo menos eso.