La prensa extranjera que cubre Costa Rica vuelve hoy a Infobae América con un tema que no suele ocupar portadas fuera del país y que, sin embargo, dice más del estado de la salud pública que muchos informes de gestión: las infecciones de transmisión sexual. El dato que ordena la pieza es el reporte epidemiológico del Ministerio de Salud, construido sobre los registros de la Caja Costarricense de Seguro Social. Hasta la semana 40 de 2026 el país acumuló 2,954 casos de sífilis, frente a 2,481 en el mismo periodo de 2025, un alza del 19.06%. La gonorrea pasó de 1,188 a 1,335 enfermos, un 12.37% más. Son cifras que el medio presenta sin dramatismo y con una virtud poco frecuente: la desagregación. El grupo de 20 a 34 años concentra 1,217 diagnósticos de sífilis; el subgrupo de 25 a 29 encabeza la incidencia con 108,2 por cada cien mil habitantes. Limón, con 109,6, casi duplica el promedio nacional de 56,6, mientras San José suma la mayor cantidad absoluta, 1,200 fichas. En gonorrea, más de la mitad de los casos recae en personas de 15 a 29 años y la tasa masculina, 44.9, supera siete veces a la femenina, 6.4.
Ese es el hallazgo que la mirada extranjera subraya y que conviene leer con atención: no estamos ante un brote exótico ni ante una anomalía tropical, sino ante una curva ascendente sostenida en un país que exhibe su sistema de salud como emblema. El texto lo dice sin decirlo cuando advierte sobre las detecciones en menores de un año, pendientes de revisión clínica para determinar cuántos eventos corresponden a transmisión vertical o sífilis congénita. Ahí, en esa frase administrativa, está el asunto de fondo: la sífilis congénita es una falla de control prenatal, no un accidente epidemiológico. Y el control prenatal, según el propio informe, exige tamizajes serológicos en cada trimestre de gestación.
Lo que el encuadre de Infobae ilumina es la desigualdad territorial y etaria del fenómeno. Lo que omite, o al menos no desarrolla, es la pregunta por las causas: qué ha pasado con la educación sexual, con el acceso a preservativos, con la capacidad de tamizaje de la Caja en las zonas periféricas, con la brecha de género que hace que la infección se notifique siete veces más en hombres —lo cual no significa que las mujeres estén sanas, sino que los síntomas leves o inexistentes en ellas dificultan la detección, como el propio texto explica—. La pieza dedica varios párrafos a la microbiología y al cuadro clínico, un gesto didáctico que agradece el lector extranjero pero que desplaza la pregunta periodística: por qué ahora, por qué en Limón, por qué en los jóvenes.
Hay, además, un detalle de forma que merece comentario. El titular destaca el alza del 12% en gonorrea y deja en el cuerpo el 19% de la sífilis, que es el incremento mayor. No es un error, pero sí una elección: la gonorrea suena más urgente, la sífilis más decimonónica. La prensa extranjera, cuando mira a América Latina, tiende a preferir el marco de la enfermedad que regresa sobre el de la gestión que falla. Costa Rica, que ha construido su prestigio internacional sobre la salud y la educación públicas, comparece hoy ante sus lectores externos por una estadística de infecciones bacterianas prevenibles. No es una catástrofe, pero es un llamado de atención que el país haría bien en no leer como una simple notificación sanitaria más.