La prensa extranjera que hoy reporta sobre Panamá elige un encuadre que merece atención por lo que revela sobre la paciencia institucional del país y sus límites. Infobae América publica sobre MIPYME Digital 2026, una iniciativa estatal que busca digitalizar veinticinco empresas mediante alianzas con el PNUD y actores privados. En la superficie, es un relato de modernización incremental, de Estado facilitador que reconoce el rezago tecnológico de su tejido empresarial. Pero el encuadre extranjero subraya algo más sutil y potencialmente más problemático: la necesidad de que Panamá siga dependiendo de organismos multilaterales para resolver problemas que deberían ser resueltos por la capacidad institucional interna.
El reportaje establece con claridad que las Mipymes representan más del noventa y seis por ciento de las empresas formalmente registradas en Panamá y contribuyen con cerca del cincuenta por ciento del PIB nacional. Esa cifra es el verdadero titular que la cobertura internacional no subraya con suficiencia: un país cuya economía descansa sobre pequeños negocios que carecen de herramientas básicas para competir en el comercio electrónico. No es un problema de falta de ambición empresarial. Es un problema de infraestructura institucional que, según el propio texto, lleva años sin resolverse. El acceso limitado a financiamiento, la informalidad, la tramitología persisten. Y ahora, en 2026, el Estado necesita una convocatoria internacional para ayudar a veinticinco empresas a construir una tienda en línea.
Lo que la prensa extranjera ve en esto, aunque no lo articule explícitamente, es un patrón: Panamá como economía de servicios y tránsito que ha prosperado sin necesidad de resolver los problemas estructurales de su base productiva. El Canal genera divisas. El comercio internacional fluye. Pero cuando se mira hacia adentro, hacia las trescientas mil unidades económicas que sostienen el empleo real, aparece el vacío. La pandemia de COVID-19, según el reportaje, obligó a muchas Mipymes a reinventarse e incorporar herramientas digitales para sobrevivir. Eso significa que hace apenas cuatro años, la mayoría de los pequeños negocios panameños no tenía presencia digital. Y ahora, en 2026, siguen necesitando que organismos internacionales les enseñen a hacerlo.
El encuadre de Infobea también destaca que más de diez mil emprendedores han accedido a formación técnica y financiera desde 2023, y que en 2025 más de dos mil Mipymes participaron en ferias internacionales. Esas cifras son presentadas como logros, y tal vez lo sean. Pero en el contexto de una economía donde más del noventa y seis por ciento de las empresas son pequeñas, diez mil capacitados en tres años y dos mil en ferias internacionales sugieren que la cobertura sigue siendo marginal. La iniciativa de veinticinco tiendas digitales es, en ese sentido, un gesto simbólico más que una solución estructural.
Lo que la mirada extranjera no dice, pero que su silencio comunica, es que Panamá sigue siendo un país donde la modernización es un proyecto permanente, un objetivo siempre en construcción, nunca completado. Eso es distinto de ser un país en vías de desarrollo. Es ser un país cuya arquitectura institucional no termina de alinearse con sus propias necesidades económicas. Y mientras eso sea así, seguirá dependiendo de convocatorias internacionales para resolver lo que debería ser una capacidad doméstica consolidada hace una década.