# El espejo vacío
La ausencia es, a veces, el titular más elocuente. Hoy, la prensa internacional no tiene nada que decir sobre Puerto Rico, o al menos nada que considere digno de publicar. El silencio en las redacciones de Madrid, Nueva York, Londres o São Paulo es, en sí mismo, una forma de encuadre: Puerto Rico no está en la agenda global en este momento.
Esto podría significar varias cosas. La más obvia es que, simplemente, no ocurre nada que los corresponsales extranjeros juzguen noticiable según los criterios que rigen la cobertura internacional. No hay crisis política de envergadura, no hay desastre natural, no hay conflicto que trascienda las fronteras de la isla. En otras palabras, Puerto Rico está funcionando dentro de los parámetros de lo ordinario, y lo ordinario rara vez cruza océanos.
Pero hay una ironía incómoda en esto. Puerto Rico es territorio estadounidense, aunque frecuentemente tratado como un asunto doméstico de Washington que no merece atención extranjera. Cuando la isla aparece en la prensa internacional, suele ser por excepcionalidad: huracanes, crisis de deuda, migraciones masivas. Su cotidianidad —las decisiones políticas locales, los debates sobre identidad, los logros económicos modestos— permanece invisible.
El silencio de hoy confirma una pauta: Puerto Rico existe en la cobertura global solo cuando interrumpe el orden. Cuando no lo hace, desaparece. Eso dice menos sobre lo que ocurre en la isla que sobre los mecanismos mediante los cuales el mundo elige qué ver y qué ignorar.