La prensa internacional observa a Perú en vísperas de un balotaje que parece menos una elección que un referéndum sobre qué rechazar. Los titulares revelan un patrón notable: mientras el país se debate entre opciones, la cobertura externa enfatiza los espectros del pasado —Fujimori, Castillo— como si Perú estuviera condenado a repetir sus propias sombras. Hay algo revelador en esa insistencia.
El encuadre dominante es el del péndulo ideológico. De un lado, Keiko Fujimori, descrita con una frase que captura la fatiga política: "la mujer que siempre estuvo ahí". Del otro, Roberto Sánchez como heredero de Castillo. La prensa internacional parece incapaz de ver esta elección sino como continuación de conflictos anteriores, como si Perú fuera un país atrapado en un bucle donde los actores cambian pero la obra permanece. No es del todo falso, pero es parcial.
Lo más interesante es lo que los titulares revelan por omisión. France 24 menciona la inseguridad como preocupación central de los peruanos, y es correcto. Pero esa preocupación apenas permea el análisis de fondo sobre quién puede resolverla. Los titulares hablan de campañas, de legados políticos, de antifujimorismo y voto del sur, como si la seguridad fuera un telón de fondo decorativo en lugar de lo que probablemente es: el verdadero motor del voto.
Hay también una comparación regional implícita en el titular sobre el candidato colombiano "trumpista". Perú aparece aquí no como un caso singular sino como parte de una ola latinoamericana de rechazo a gobiernos en ejercicio. Es un encuadre comprensible pero que uniformiza realidades distintas. La crisis peruana no es idéntica a la colombiana, aunque ambas sean crisis.
Finalmente, un dato menor pero sintomático: el tratado de libre comercio con Guatemala apenas merece mención, relegado a una línea. La prensa internacional cubre a Perú como drama político, no como economía. Eso también dice algo sobre cómo se ve al país desde afuera: como un lugar donde ocurren cosas, no donde se construye nada.