La prensa que cubre América Latina desde el extranjero sigue atrapada en un dilema que la entrevista de Infobae a Gabriel Puricelli expone sin pretenderlo: la obsesión por el drama institucional a costa de la comprensión estructural de los problemas reales. El caso peruano, en su máxima tensión electoral, ofrece una lección que la cobertura internacional apenas parece estar aprendiendo.
El sociólogo Puricelli articula una distinción crucial que debería ser central en cualquier análisis serio de la región: la diferencia entre legitimidad de origen y capacidad de gobernar. Esa diferencia, dice, "te sirve para los diez primeros kilómetros en Perú". Es una frase que merece ser repetida cada vez que un medio extranjero se detiene, fascinado, en el drama del recuento voto a voto, como si el problema peruano fuera principalmente un problema de aritmética electoral.
No lo es. O al menos, no es solo eso. La prensa internacional tiende a enmarcar el balotaje peruano como un episodio de máxima incertidumbre institucional, cuando lo que Puricelli subraya es algo más profundo: Perú crece, pero no distribuye. Tiene autoridades electorales competentes, pero un sistema de partidos que se renueva a cada elección porque la oferta política está fragmentada por la insatisfacción social. La economía crece, el desarrollo es mediocre. Ese es el verdadero problema, y es invisible en la mayor parte de la cobertura que llega desde afuera.
Lo que la entrevista revela, además, es una geografía política que la prensa extranjera apenas menciona. Sánchez concentra el 70 por ciento en la Amazonía y más del 65 en la zona andina. Fujimori obtiene el 45 por ciento de sus votos en Lima. Esto no es un detalle folklórico: es la expresión de una tensión territorial profunda que explica buena parte de la volatilidad política peruana. Pero la cobertura internacional tiende a ver a Perú como una unidad, cuando es en realidad un país de regiones con demandas incompatibles. El regionalismo, como dice Puricelli, define mucho esta elección. Y define también por qué ningún gobierno, por legítimo que sea su origen, tendrá fácil la tarea de gobernar.
Hay un paralelo que Puricelli menciona casi de pasada: Italia en la posguerra, con gobiernos que duraban 13 meses pero que permitieron que el país se convirtiera en la quinta economía mundial. La prensa extranjera, obsesionada con la estabilidad como un bien en sí mismo, rara vez se pregunta si la inestabilidad política es realmente el problema o si es, en cambio, una consecuencia de problemas más profundos de distribución y legitimidad social. Perú crece. Eso es un hecho. Pero ¿para quién crece? Esa pregunta, que es la que explica la fragmentación política, apenas aparece en el relato internacional.
En cuanto a los titulares menores sobre Guatemala y El Salvador, la prensa extranjera sigue aplicando el mismo patrón: los fenómenos meteorológicos son noticia cuando generan alertas y suspensiones de clases. Son hechos que se pueden reportar sin necesidad de entender nada. El huracán Cristina es un evento que ocurre, no una expresión de vulnerabilidades más profundas. Y tal vez sea así. Pero el contraste es revelador: mientras América Central lidia con tormentas, Perú lidia con la pregunta de cómo un país puede crecer sin desarrollarse, y la prensa internacional sigue mirando el recuento de votos como si fuera el verdadero drama.