La apertura eléctrica que México anuncia esta semana representa un giro narrativo que la prensa extranjera apenas comienza a procesar. Después de seis años de sequía inversora, según reporta El País América, el Gobierno de Claudia Sheinbaum ha publicado resoluciones para treinta proyectos eléctricos mixtos que suman 7.411 megavatios de capacidad, con más de 6.700 provenientes de plantas fotovoltaicas. Es un dato económico de cierta envergadura. Pero lo notable no es el anuncio en sí, sino lo que su presencia en los titulares internacionales revela sobre cómo la prensa extranjera está reajustando su lente sobre México.
Durante semanas, el encuadre dominante ha sido el de un país en crisis: huelgas magisteriales saboteando la inauguración del Mundial, asesinatos de policías en Michoacán, violencia de crimen organizado amenazando el torneo. La prensa internacional construyó un relato coherente donde México aparecía como una nación incapaz de gobernar, donde la inseguridad y la disfunción institucional eran la verdadera trama bajo la superficie del espectáculo futbolístico. Ese relato tenía su poder. Tenía imágenes, dramatismo, confirmación de prejuicios.
Ahora, con la publicación de estas resoluciones energéticas, emerge un México diferente: uno que invierte, que atrae capital privado, que negocia con empresas desarrolladoras, que coloca bonos internacionales. No es un México sin problemas. Es un México que funciona en algunos aspectos, que sigue operando en paralelo a la crisis. La prensa extranjera no ha abandonado su narrativa de inseguridad y disfunción, pero la presencia de este anuncio sugiere que comienza a reconocer, aunque sea de reojo, que México también es un mercado, una economía, un espacio donde las cosas avanzan.
Lo curioso es que este tipo de noticia económica suele recibir poca atención en la cobertura internacional de México. Cuando la prensa extranjera mira al país, busca drama, conflicto, la excepción que confirma la regla de la inestabilidad. Una treintena de proyectos eléctricos, aunque sean significativos, no tienen la carga visual ni emocional de un bloqueo policial o un acto de violencia. Aparecen en las secciones de economía, casi como un susurro técnico.
Pero ese susurro importa. Dice que mientras la prensa internacional contaba una historia de colapso durante el Mundial, otra historia seguía escribiéndose en las oficinas de regulación energética. Dice que México, incluso bajo presión, sigue siendo un destino para inversión en energías renovables. Dice que el Gobierno de Sheinbaum, a pesar de los conflictos que ha enfrentado, logra aprobar proyectos que requieren negociación, coordinación institucional y confianza de mercado.
La pregunta que queda es si la prensa extranjera integrará esta realidad paralela en su narrativa general sobre México, o si seguirá compartimentalizando: México como crisis en las secciones de política y seguridad, México como mercado emergente en las de economía, sin que ambas imágenes lleguen a formar un retrato coherente. Porque un país que simultáneamente experimenta violencia sistémica y atrae inversión energética es más complejo, menos narrativamente limpio, que uno que simplemente se desmorona. Y la complejidad, para la prensa internacional, es siempre más incómoda que el drama.