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🇺🇾 Uruguaylunes, 15 de junio de 2026

La prensa internacional vuelve hoy a Uruguay con una historia que, en su aparente especificidad, refuerza un patrón interpretativo que ya había comenzado a instalarse: la de un país donde la sofisticación institucional convive con prácticas delictivas igualmente sofisticadas. Infobae América reporta sobre la imputación de los dueños de la corredora Pérez Marexiano, y el ángulo que predomina en la cobertura no es simplemente el de una estafa más, sino el de una estafa que requirió complicidad estructural, conocimiento de los reguladores, y una arquitectura de engaño que se sostuvo durante años dentro de una empresa establecida.

Lo que cambia hoy respecto a coberturas anteriores es el énfasis en la *responsabilidad de los tomadores de decisión*. No se trata solo de un empleado delincuente que actuó en las sombras. La fiscal Sandra Fleitas construye un argumento de asociación deliberada: los dueños Pedro Pérez Stewart y Carlos Pérez Lafone no solo toleraron a Ignacio González Palombo, sino que se beneficiaron de su red de clientes, cobraron comisiones por transacciones no solicitadas, pagaron al intermediario en efectivo y cheques para evadir registros, y ocultaron deliberadamente al Banco Central del Uruguay que un ex empleado despedido estaba operando como intermediario bursátil. La prensa extranjera lee esto como evidencia de que "sabían que estaba violando la ley".

El detalle que la cobertura internacional subraya es el de la *carta abierta*: según Fleitas, los dueños le dieron a González Palombo libertad para disponer del dinero de los damnificados. Eso es, en términos narrativos, la diferencia entre negligencia y conspiración. Y esa diferencia importa porque cambia la pregunta que la prensa se hace sobre Uruguay. Ya no es "¿cómo pudo ocurrir esto?", sino "¿quién decidió que ocurriera?".

Hay un matiz adicional que merece atención: la defensa de los imputados aceptó la imputación pero presentó "otra teoría del caso", y señaló que el monto a pagar se redujo porque los dueños pusieron su patrimonio a disposición. La prensa extranjera tiende a leer esto no como prueba de inocencia, sino como una estrategia de daño controlado. El hecho de que alguien esté dispuesto a liquidar su patrimonio no lo exonera de haber sabido qué estaba pasando; sugiere, más bien, que lo sabía.

Lo genuinamente nuevo hoy es que Uruguay aparece en la prensa internacional no como un país donde fallan los controles, sino como un país donde los controles funcionan lo suficientemente bien como para que los criminales tengan que infiltrarse en las instituciones que se supone deben vigilarlos. Eso es, paradójicamente, un síntoma de solidez institucional. Pero también es un síntoma de que la solidez institucional, cuando se percibe desde afuera como casi garantizada, se convierte en el escudo perfecto detrás del cual operar.

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