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🇺🇾 Uruguaymiércoles, 17 de junio de 2026

La prensa internacional sigue atrapada en el mismo relato que Uruguay ya no puede sostener. El empate de Arabia Saudí contra los charrúas, reportado hoy por El País América, no es simplemente un resultado deportivo anómalo. Es la confirmación de que la narrativa de superioridad que envolvía a Uruguay en el fútbol mundial se ha erosionado tanto que ya ni siquiera la sorprende a quien la cuenta.

Lo notable en el encuadre de El País es la ausencia de dramatismo genuino. El medio habla de un empate histórico, sí, pero lo inscribe en una lógica de alivio ajeno. Arabia Saudí "pasó por encima de la mística, las tradiciones y la teórica inferioridad manifiesta" de Uruguay. Esa frase condensa algo importante: la prensa extranjera ya no cree en esa mística ni en esa inferioridad teórica que supuestamente Arabia Saudí debería haber respetado. Lo que antes era un orden incuestionable ahora es apenas una suposición que se derrumba sin sorprender a nadie.

El detalle más revelador es que el medio dedique más energía narrativa a cómo el empate "alivió a la selección de Luis de la Fuente" que a analizar qué significa para Uruguay. España, otro equipo que pinchó ante Cabo Verde, aparece en el relato como la verdadera preocupación. Uruguay, en cambio, es tratado como un actor secundario en su propio drama. No es que haya fracasado de manera espectacular; es que su fracaso es tan predecible que apenas merece atención.

La lógica que El País traza para las próximas jornadas tampoco deja lugar para Uruguay como protagonista. El grupo se define, según el medio, por la pelea entre España y Uruguay por evitar a Argentina. Pero la forma en que se plantea esa pelea asume que ambos equipos pueden ganar sus dos próximos partidos. Es una posibilidad teórica que la realidad del campo ya ha puesto en duda. Uruguay no ganó ante Arabia Saudí. ¿Por qué la prensa internacional seguiría apostando a que gane sus próximos dos encuentros?

Lo que emerge de esta cobertura es una indiferencia sofisticada. Uruguay no desaparece del relato porque sea irrelevante, sino porque su irrelevancia se ha vuelto predecible. La prensa extranjera ya no necesita sorprenderse ante sus fracasos. Los da por descontado. Y eso, quizá, es peor que cualquier crítica.

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