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🇪🇨 Ecuadorsábado, 20 de junio de 2026

La prensa extranjera retrata hoy a Ecuador en el acto de formalizar su rendición ante el crimen organizado disfrazándola de ofensiva. France 24 cubre el despliegue de 13.000 militares y la ratificación del "conflicto armado interno" con una precisión que no deja espacio para interpretaciones benignas: esto no es una operación de seguridad convencional, sino el reconocimiento explícito de que el Estado ha perdido el monopolio de la violencia y ahora negocia su recuperación desde una posición de debilidad estructural.

Lo que resulta notable en el encuadre de la agencia francesa es cómo desnuda la contradicción fundamental del gobierno Noboa. El presidente anuncia una "guerra total" como si fuera un acto de fortaleza, pero el lenguaje mismo delata lo opuesto. Un Estado que necesita declarar formalmente un conflicto armado interno para desplegar su propio ejército en territorio nacional, que debe solicitar indultos y amnistías preventivas para sus fuerzas de seguridad, que abre la puerta a militares extranjeros con inmunidad jurídica, no está ganando una batalla sino reorganizando su capitulación en términos que suenen a victoria.

France 24 subraya un dato que merece reflexión: Guayas, donde irán 6.000 de los 13.000 militares, concentraba 1.521 de los 3.485 asesinatos registrados a nivel nacional hasta mayo. Esto significa que incluso con presencia militar permanente ya establecida, la provincia seguía siendo el epicentro de la violencia. El refuerzo, entonces, no responde a una estrategia nueva sino a la admisión de que la anterior no funcionó. La agencia francesa no lo dice explícitamente, pero el lector atento lo ve: se trata de un aumento de dosis de la misma medicina que ya probó ser ineficaz.

El Decreto Ejecutivo 424, que permite conceder indultos a militares y civiles que actúen en defensa del Estado, y que solicita amnistías al Parlamento, es quizás el detalle más revelador de cómo la prensa internacional debería estar leyendo esto. No es una medida de seguridad. Es un blindaje legal anticipado. El gobierno ecuatoriano está diciendo, en código jurídico, que espera que sus fuerzas cometan actos que de otro modo serían punibles. Eso no es confianza en la victoria, es preparación para la impunidad.

Bedoya, el general que habla de dar "percepción de seguridad" a la población, comete un lapsus revelador. No dice que buscan seguridad real, sino su percepción. France 24 lo capta, aunque no lo subraye con énfasis. Esa diferencia entre seguridad y su apariencia es el abismo en el que Ecuador lleva años cayendo.

Lo que la prensa extranjera no termina de articular, pero que está implícito en su cobertura, es una pregunta incómoda: ¿a quién le sirve que Ecuador declare una guerra que ya ha perdido? A los gobiernos aliados que pueden justificar presencia militar en la región. Al presidente que puede presentarse como un líder decidido. A nadie más. Mientras tanto, Ecuador registró 9.281 asesinatos en 2025, una cifra que habla de un país donde la violencia no solo persiste sino que se acelera, incluso cuando se multiplican los militares en las calles.

La verdadera noticia no es el despliegue de 13.000 hombres. Es que después de años de estados de excepción, movilizaciones sucesivas y presencia militar permanente, Ecuador sigue siendo más violento. Y que ahora, en lugar de cambiar de estrategia, simplemente aumenta la apuesta con la misma ficha.

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