La prensa internacional ha decidido que México merece ser visto, por ahora, a través de la lente más benigna que tiene a su alcance: la del deporte. El País América lo hace esta mañana con una cobertura del Mundial que suena casi reconfortante en su ordinaridad. Una victoria sufrida, un liderato de grupo asegurado, la posibilidad de jugar en casa. Son los ritmos del fútbol, no los de la crisis.
Pero hay algo que merece notarse en esta elección de encuadre. Después de semanas en las que la prensa extranjera ha leído a México como un país de fracturas políticas, de conflictos gremiales enquistados, de amenazas de seguridad que alcanzan las puertas de Washington, la cobertura deportiva funciona como un respiro narrativo. No es que los problemas hayan desaparecido. Es que, momentáneamente, se han permitido quedar fuera de foco.
El lenguaje que usa El País América es revelador en su sobriedad. Una "batalla en el barro", una "jugada afortunada", un equipo que "sufre" pero que avanza. Son descripciones que, en otro contexto, podrían aplicarse a la gestión política del país. Pero aquí están domesticadas, encerradas en el perímetro del estadio. El México que aparece en esta cobertura es uno que lucha, que no juega bien pero que gana, que tiene defectos tácticos pero que logra objetivos. Es, curiosamente, un México más comprensible para la mirada externa cuando se lo ve como un equipo de fútbol que cuando se lo observa como un Estado.
Quizás por eso la prensa internacional se demora aquí. No porque el fútbol sea más importante que lo que ocurre en las calles o en los pasillos del poder. Sino porque el fútbol ofrece una narrativa de progreso lineal, de avance mesurable, de reglas claras. El México político, en cambio, sigue siendo un México de contradicciones sin resolución, de conflictos que no cierran, de amenazas que no desaparecen. Es más fácil escribir sobre un gol que sobre una crisis que no tiene final a la vista.
El encuadre deportivo no es falso. Pero sí es selectivo. Y en esa selectividad hay un alivio tácito: por unos días, México puede ser un país que juega, no un país que se desmorona. La prensa extranjera lo sabe. Y parece estar dispuesta a permitirse esa pausa.