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🇩🇴 República Dominicanasábado, 20 de junio de 2026

La prensa internacional que cubre República Dominicana hoy ha optado por el encuadre más directo y menos problemático posible: el de la catástrofe controlada. Infobea América, único medio que registra el incendio en el hotel de Bayahíbe, estructura su narrativa alrededor de una premisa tranquilizadora que, sin ser falsa, resulta selectiva en lo que elige iluminar y en lo que deja en sombra.

El relato es el de la respuesta institucional eficaz. El Centro de Operaciones de Emergencia funcionó, los bomberos se movilizaron, casi mil setecientos huéspedes fueron evacuados sin mayores consecuencias, la mayoría de los afectados recibió atención médica. El director del COE aparece en el texto con declaraciones sobre la coordinación, sobre las causas bajo investigación, sobre la normalidad que se mantiene en la actividad turística. Es el lenguaje de la competencia estatal ejercida sin fricciones. Una muerte, la de una turista italiana, queda registrada como dato epidemiológico más que como tragedia: una mujer que sufrió complicaciones por exposición al humo. Las diez personas con atención médica se distribuyen entre síntomas de inhalación, quemaduras leves, palpitaciones. Todo parece estar en su lugar, todo parece haber sido contenido.

Lo notable es lo que esta cobertura no examina. No hay preguntas sobre las causas estructurales del incendio, más allá de la mención pasajera a techos de cana que facilitaron la expansión del fuego. No hay indagación sobre los protocolos de seguridad en un hotel de reconocimiento internacional, ni sobre las condiciones de construcción que permitieron que un fuego se propagara hasta consumir zonas comunes de un complejo turístico. No hay voz de huéspedes traumatizados, ni reflexión sobre qué significa que casi dos mil personas hayan tenido que ser evacuadas de una instalación hotelera en una mañana cualquiera. No hay contexto sobre incidentes previos en establecimientos similares, ni sobre inspecciones o regulaciones.

La prensa internacional, al menos en la versión que Infobae América ofrece, elige ver en este evento una demostración de capacidad de respuesta. El operativo funcionó, los evacuados fueron reubicados, la actividad turística continúa. Es el encuadre que conviene a un destino que depende de la confianza de los visitantes extranjeros. República Dominicana aparece aquí no como un lugar donde ocurren incendios devastadores en hoteles, sino como un lugar donde, cuando ocurren incendios, las instituciones responden con profesionalismo.

Hay algo casi administrativo en esta manera de cubrir una tragedia: la conversión de lo catastrófico en lo rutinario, de lo que podría haber sido peor en lo que fue manejado bien. No es inexactitud. Es, más bien, una cuestión de proporción narrativa. La muerte de una persona, la evacuación de casi dos mil, la exposición al humo de diez más, quedan subsumidas en un relato donde lo central es que el sistema funcionó. Para el turista potencial, para el inversionista, para quien lee desde afuera, el mensaje es claro: aquí hay orden, aquí hay respuesta. Lo que se pierde en el camino es la pregunta más incómoda: por qué un incendio de esa magnitud fue posible en primer lugar, y qué dice eso sobre los estándares de seguridad en un sector que es, para República Dominicana, una fuente vital de divisas.

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