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🇻🇪 Venezuelasábado, 20 de junio de 2026

La prensa internacional ha descubierto hoy un mecanismo que hasta hace poco parecía tabú nombrar con esa claridad: Washington no solo reconoce o desconoce gobiernos, sino que además los diseña. El País América lo plantea sin rodeos en su titular de hoy: Estados Unidos marca el ritmo de la transición en Venezuela. No es una afirmación menor. Es la admisión de que la política venezolana ha dejado de ser un asunto de los venezolanos para convertirse en un territorio de gestión externa.

El artículo traza una línea de causalidad que merece desmenuzarse. Dinorah Figuera regresa del exilio después de ocho años, y casi en el mismo acto Washington ya ha definido cuál será su rol: presidenta de una Asamblea Nacional que el chavismo intentó vaciar, pero que ahora Washington ha "relegitimado" para conducir la transición. La palabra no es casual en el texto de El País. Relegitimar significa restaurar legitimidad a algo que la había perdido. Pero ¿quién le devuelve esa legitimidad? No el voto, no la calle, no la historia institucional venezolana. Washington.

El encuadre que propone la prensa internacional hoy es particularmente revelador porque no lo disfraza de análisis de fuerzas políticas internas. Lo dice directamente: hay un tutelaje estadounidense que se extiende a dos niveles simultáneamente. Primero, sobre el gobierno encargado de Delcy Rodríguez, que según el medio sigue bajo supervisión de facto de Washington. Segundo, sobre la oposición, a través de la selección de interlocutores para negociar. María Corina Machado, que había sido la figura opositora más visible en años recientes, aparece ahora como descartada. En su lugar, Washington impulsa "una nueva figura opositora distinta", como dice el titular paralelo que El País menciona.

Lo que la prensa internacional está viendo, y diciendo sin ambages, es que la transición política venezolana no será un proceso donde actores locales negocien su futuro, sino un proceso donde Washington negocia con actores que previamente ha elegido. Eso es lo que significa que Estados Unidos "marque el ritmo". No es influencia. Es dirección.

Hay una ironía involuntaria en todo esto que la prensa extranjera no subraya explícitamente pero que está ahí. Durante años, los gobiernos chavistas acusaron a Washington de intervención, de imperialismo, de tutela sobre la oposición venezolana. La prensa internacional occidental rechazaba esa narrativa como propaganda. Hoy, la misma prensa reportea esa tutela como un hecho establecido, como parte de la gestión normal de una transición. El cambio no está en lo que hace Washington, sino en la disposición de la prensa a nombrarlo sin eufemismos.

Lo que permanece omitido en este encuadre es igualmente instructivo. No hay reflexión sobre qué significa que una transición política sea diseñada desde el exterior. No hay pregunta sobre la legitimidad de que Washington elija interlocutores venezolanos. No hay tensión moral o política en el relato. Simplemente se constata: esto es lo que está pasando, esto es cómo funciona ahora. Es el tono de quien reportea un procedimiento administrativo, no una ruptura con el principio de autodeterminación.

La prensa internacional ha encontrado, al parecer, una forma de hablar sobre la intervención estadounidense en Venezuela que no la llama intervención. La llama gestión de la transición. Y eso, quizás, sea el verdadero titular del día.

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