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🇲🇽 Méxicodomingo, 21 de junio de 2026

La prensa internacional ha descubierto en Tijuana un espejo inesperado de lo que México puede ser cuando la política se retira del escenario. France 24, en su cobertura del Mundial 2026, presenta una ciudad fronteriza que acoge a la selección iraní con una solidaridad que trasciende lo deportivo, y en ese gesto hay un relato que dice tanto sobre cómo se ve a México desde afuera como sobre lo que México mismo eligió ser en este momento.

El encuadre es notable por su ausencia de cinismo. No hay aquí la lectura habitual de México como territorio de contradicciones irresolubles, como espacio donde la hospitalidad convive con la violencia o donde la institucionalidad se desmorona bajo presión. En cambio, la narrativa que emerge es la de una ciudad que reconoce en otra nación oprimida una hermandad que la prensa extranjera presenta como casi instintiva: mariachis, pancartas en inglés, jugadores que se acercan a firmar autógrafos, políticos de alto perfil del gobierno que llegan a bendecir la presencia iraní. Tijuana, históricamente retratada desde el extranjero como símbolo de la fragilidad mexicana ante Estados Unidos, aparece aquí como protagonista de un acto de resistencia simbólica.

Pero el verdadero hilo narrativo que France 24 tensa es otro. No es la hospitalidad lo que ocupa el centro, sino la anomalía: Irán es el primer equipo en casi cien años de historia mundialista que compite en conflicto armado con el país anfitrión. Ese dato, repetido y subrayado, convierte a México en algo más que una sede. Lo convierte en un refugio geopolítico. La selección iraní no está en Tijuana por capricho deportivo, sino porque Washington le ha cerrado las puertas. Las restricciones de viaje, los rechazos a las solicitudes de aclimatación, los controles de seguridad que transforman un vuelo de una hora en una odisea de cinco horas, la revocación de entradas para aficionados iraníes: todo ello es documentado por el medio francés como evidencia de que Estados Unidos está usando su poder de anfitrión para condicionar la competencia.

Aquí reside la distorsión más sutil del encuadre. France 24 presenta a México no como un país que actúa, sino como un país que es actuado. México no decide acoger a Irán por una postura política deliberada; simplemente, Irán llega a Tijuana porque no puede estar en Los Ángeles. La solidaridad que la prensa francesa documenta brota de la población civil, de políticos que visitan el hotel Marriott, de ciudadanos que gritan "Irán, hermano, ya eres mexicano". Pero el gobierno mexicano, en tanto institución, permanece en las sombras del relato. No hay declaración oficial de protesta ante la FIFA. No hay posicionamiento diplomático explícito. Lo que hay es un vacío que la sociedad civil llena con espontaneidad.

Esto es revelador de cómo la prensa internacional sigue viéndose a México en relación con Estados Unidos: no como actor con agencia propia, sino como territorio donde otros actores se despliegan. Irán sufre restricciones estadounidenses. México las absorbe. Los aficionados iraníes no pueden entrar a Estados Unidos, así que vienen a Tijuana. La selección no puede entrenar en Los Ángeles con tiempo suficiente, así que se queda en México. En cada caso, México es el espacio de compensación, el lugar donde lo que Washington niega puede encontrarse. Es una forma de solidaridad, ciertamente, pero también de subordinación estructural que la prensa extranjera documenta sin necesidad de explicitarla.

Lo que France 24 omite es igualmente instructivo. No hay reflexión sobre qué significa para México, como país, que su territorio se convierta en un escudo contra la política exterior estadounidense. No hay pregunta sobre si esta hospitalidad representa una toma de posición oficial o simplemente la brecha entre lo que la sociedad desea y lo que el Estado puede permitirse hacer. No hay análisis de si el gobierno de Sheinbaum está navegando deliberadamente una postura de equidistancia o si simplemente está dejando que Tijuana actúe mientras la capital guarda silencio diplomático.

Lo que sí queda claro es que, una vez más, México aparece en la prensa internacional no como sujeto de su propia historia, sino como escenario donde otras historias se resuelven. Irán juega su odisea. Estados Unidos ejerce su poder. Y México, generoso en lo cotidiano, permanece opaco en lo político. Es un encuadre que, en su aparente benevolencia, reproduce exactamente la asimetría que documenta.

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