La prensa internacional que cubre a Venezuela ha encontrado en las negociaciones impulsadas por Washington un encuadre que revela algo fundamental sobre cómo lee la región: la tendencia a presentar la intervención estadounidense no como un factor de poder, sino como un mecanismo técnico de facilitación democrática.
France 24, en su cobertura de las conversaciones entre Dinorah Figuera y Jorge Rodríguez, estructura el relato de un modo que merece examinarse con cuidado. El titular mismo plantea una pregunta que presupone una respuesta: ¿qué buscan estas negociaciones "tuteladas" por Estados Unidos? La palabra tutelada aparece entre comillas, como si el medio quisiera señalar algo problemático en esa caracterización, pero luego el texto confirma exactamente eso: Washington designó a Figuera, Washington celebró el encuentro, Washington define las prioridades de la mesa de diálogo. El Departamento de Estado incluso utilizó un lenguaje "casi idéntico" al de la Asamblea Nacional opositora para describir los objetivos, según el propio reportaje.
Pero aquí está el punto de inflexión del encuadre: France 24 presenta todo esto como un "primer paso" hacia la transición democrática, utilizando la misma frase que empleó el Departamento de Estado. No hay distancia crítica entre la descripción de los hechos y la interpretación que Washington propone de ellos. La tutela estadounidense se narra como un acto de facilitación, no como un ejercicio de poder geopolítico sobre un proceso político que, en teoría, debería ser soberanamente venezolano.
Lo que el reportaje documenta sin remarcar es algo más revelador: Figuera regresa del exilio bajo una amnistía impulsada por el gobierno interino "bajo presión estadounidense". Es decir, el Ejecutivo chavista de Delcy Rodríguez negocia con la oposición porque Washington lo presiona a hacerlo. Eso no es diálogo entre pares; es obediencia a una potencia externa. Pero la prensa internacional tiende a leer esa obediencia como evidencia de que el proceso es legítimo, cuando en realidad es evidencia de que no lo es.
Hay además una ironía que France 24 no subraya: Figuera preside una Asamblea Nacional que fue elegida en 2015 y que el chavismo ilegalizó hace años. Su legitimidad electoral es real, pero su vigencia institucional es un fantasma. Negocia como si representara una institución viva cuando en realidad representa una estructura de poder paralela que Washington mantiene artificialmente en pie. La prensa internacional describe esto como "reconstrucción de instituciones democráticas" cuando es, más precisamente, un intento de reimposición de una estructura política que fue derrotada electoralmente y que ahora regresa de la mano de una potencia extranjera.
Lo que France 24 omite es igualmente instructivo: no hay mención a cómo perciben estas negociaciones otros sectores de la oposición venezolana, aquellos que no fueron "designados por el Departamento de Estado". El reportaje menciona que la maniobra tomó "desprevenidos a sectores de la oposición", pero no profundiza en eso. ¿Qué dicen esos sectores? ¿Ven esto como una solución o como una imposición? La prensa extranjera tiende a asumir que si Washington lo impulsa, la oposición debe estar de acuerdo, cuando la realidad política es casi siempre más fragmentada.
Lo que emerge del encuadre de France 24 es un patrón recurrente en la cobertura internacional de América Latina: la capacidad de leer intervenciones de poder como procesos técnicos. Cuando Estados Unidos "tutela" negociaciones, eso se convierte en un "primer paso" hacia la democracia. Cuando designa representantes, eso es facilitación. Cuando presiona a gobiernos, eso es diplomacia. La prensa internacional ha naturalizado tanto la presencia estadounidense en los asuntos latinoamericanos que ya no la ve como lo que es: una imposición externa que, por muy bien intencionada que sea, sigue siendo una imposición. Y esa ceguera sistemática es quizás el encuadre más problemático de todos.