La prensa extranjera ha trasladado su atención sobre Bolivia hacia un terreno que, en apariencia, es técnico y económico, pero que en realidad expresa algo más profundo: la aceptación de que la crisis política ha dejado paso a una crisis de viabilidad macroeconómica. El anuncio de la flotación cambiaria tras quince años de tipo de cambio fijo no es un titular que capture dramatismo, pero Infobae América lo trata como un punto de inflexión que merece ser leído con seriedad.
Lo que revela este encuadre es una mudanza en la narrativa internacional sobre Bolivia. Hace semanas, la cobertura giraba en torno a la legitimidad del gobierno de Paz, a los bloqueos como amenaza al orden institucional, a la contención de Evo Morales. Ahora, el foco se desplaza hacia los números: reservas internacionales que cayeron de 15.122 millones de dólares a 3.148 millones, inflación que superó el 20%, mercados paralelos donde el dólar alcanzó cotizaciones de 20 bolivianos. La prensa extranjera está diciendo, sin decirlo explícitamente, que Bolivia ha pasado de una crisis de gobernanza a una crisis de supervivencia económica.
Pero hay algo en este encuadre que merece examen. Infobea América presenta la medida como una solución racional a un problema técnico: el Ministerio de Economía resolvió avanzar hacia un régimen flexible para "fortalecer la estabilidad macroeconómica" y "contribuir al equilibrio de la balanza de pagos". El lenguaje es el de la ortodoxia económica. Lo que la cobertura no enfatiza con igual claridad es que esta decisión implica una devaluación de facto del 40 por ciento, pasando de 6,96 a 9,73 bolivianos por dólar en un solo movimiento. Eso tiene consecuencias reales para el poder adquisitivo de la población, para los precios de importación, para la inflación que ya ronda el 20 por ciento.
La prensa internacional tiende a leer estas medidas como actos técnicos de gobiernos que "finalmente actúan". Hay una cierta admiración implícita en el tono de Infobae: el gobierno de Paz está tomando decisiones difíciles, está confrontando realidades que su predecesor eludió. Pero lo que se omite es que estas decisiones, aunque quizá necesarias desde la perspectiva de la macroeconomía, son también decisiones que transfieren el costo de la crisis a los ciudadanos comunes. El trabajador que cobra en bolivianos, el pequeño comerciante, el jubilado, todos ellos enfrentan ahora una moneda significativamente devaluada.
Lo interesante es que la prensa extranjera no está cubriendo esto como crisis social, sino como ajuste técnico. El artículo menciona que "el gobierno boliviano enfrenta desde 2023 una aguda falta de dólares", pero no profundiza en cómo esa falta de dólares ha significado desabastecimiento de combustibles, restricciones bancarias, limitaciones en el acceso a divisas para ciudadanos comunes. Estos detalles aparecen como datos secundarios en un relato que privilegia la perspectiva del hacedor de política económica.
Hay, además, una cierta amnesia en este encuadre. La prensa extranjera no subraya que el régimen de tipo de cambio fijo fue, durante años, presentado como un logro de estabilidad. Evo Morales lo mantuvo desde 2011 como parte de su narrativa de soberanía económica y protección de los salarios reales. Ahora, ese mismo régimen es presentado como un error que debía ser corregido. El cambio de criterio es legítimo si las circunstancias lo justifican, pero la cobertura internacional no reflexiona sobre esta reversión, sobre qué dice de la fragilidad de los modelos económicos que se presentan como logros duraderos.
Lo que finalmente revela el encuadre extranjero es una cierta distancia respecto a las consecuencias humanas de estas decisiones. Bolivia está siendo presentada como un caso de estudio en ajuste macroeconómico, no como una sociedad donde millones de personas enfrentan la erosión de sus ingresos reales. Esa distancia es, quizá, inevitable en la prensa internacional. Pero es también el punto donde el análisis técnico se vuelve incompleto, donde la narrativa de "medidas necesarias" oculta la narrativa de "costos distribuidos desigualmente".