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🇻🇪 Venezuelasábado, 27 de junio de 2026

La prensa internacional ha encontrado un nuevo rostro para la crisis de Venezuela, y es el de una mujer atrapada bajo los escombros. France 24 Español abre hoy con la historia de Natalia Fernández, ciudadana colombo-española, cuya prima Alicia Peñaranda pide maquinaria y rescatistas para salvarla en Tucacas. El encuadre, en apariencia, es humanitario. Pero lo que merece examen es cómo la cobertura internacional está usando la tragedia sísmica para narrar algo que va más allá del desastre natural.

Este giro es sutil pero significativo. Mientras que los editoriales anteriores de la prensa extranjera se enfocaban en la incapacidad estatal para responder a la catástrofe —el Estado ausente, la población rescatándose a sí misma— hoy el acento se desplaza hacia una víctima específica con nacionalidad múltiple. Natalia Fernández no es solo una persona en peligro; es un puente narrativo que conecta a Venezuela con el exterior. Es colombo-española. Su familia pide ayuda. El mensaje implícito es que la tragedia venezolana trasciende las fronteras, que sus consecuencias alcanzan a ciudadanos de otros países, que el colapso no es un asunto interno sino un problema que afecta a la comunidad internacional.

La selección de este caso particular, entre miles de personas atrapadas y desaparecidas tras los terremotos, revela una lógica editorial que prioriza la proximidad narrativa sobre la magnitud del sufrimiento. Una ciudadana con pasaporte español genera más resonancia en las redacciones europeas que un trabajador venezolano sin documentación. Esto no es cinismo, es simplemente la mecánica de cómo funciona el periodismo internacional: la noticia que toca a "los nuestros" —o a los que comparten nuestras instituciones— ocupa un lugar privilegiado en la jerarquía de lo importante.

Lo que la prensa extranjera no está subrayando, al menos no en el titular principal, es que Tucacas es una ciudad costera donde la infraestructura de rescate es prácticamente inexistente. No hay maquinaria. Los rescatistas trabajan a mano limpia. El pedido de Alicia Peñaranda es un grito que podría dirigirse a cualquiera de los miles de familias en la misma situación. Pero France 24 lo amplifica porque tiene un nombre, una nacionalidad y una conexión internacional.

Esto no invalida la importancia de la historia. Simplemente muestra cómo la mirada extranjera sobre Venezuela sigue operando con criterios de proximidad y relevancia que privilegian lo que puede ser "nuestro" o "cercano a nosotros" sobre lo que es simplemente humano. En una crisis donde las diferencias de recursos entre quienes pueden ser rescatados y quienes no son abismales, la prensa internacional elige visibilizar el caso que mejor resuena en sus audiencias. Es una forma de contar la catástrofe que, paradójicamente, refuerza la jerarquía de vidas que la propia crisis ya ha establecido.

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