La prensa internacional ha encontrado en el terremoto de Venezuela un laboratorio perfecto para examinar una pregunta que raramente formula con claridad: qué sucede cuando la catástrofe natural expone, sin mediaciones, la ausencia de capacidad estatal. France 24 no evita esta pregunta, pero la encuadra de un modo que, paradójicamente, la suaviza.
El reportaje desde Catia La Mar documenta con rigor los síntomas del colapso. Los edificios derribados, los cadáveres acumulados en hospitales improvisados, las brigadas de rescate trabajando con las manos porque no hay maquinaria, los familiares que pierden a sus seres queridos no por la magnitud del sismo sino por la ausencia de rescatistas. Estas son pruebas tangibles. Pero la forma en que France 24 las presenta introduce una distancia narrativa que merece examen.
El medio francés atribuye la lentitud de los rescates a "la falta de maquinaria, profesionales especializados y mano de obra". Es una descripción técnica, casi neutral. Podría aplicarse a cualquier país en desarrollo golpeado por un desastre. Pero luego, sin transición, introduce otro elemento: el Gobierno venezolano militarizó la región, impuso salvoconductos, cerró la autopista que conectaba Caracas con la zona afectada. Y aquí el encuadre se bifurca.
France 24 presenta estas medidas como un acto de control político disfrazado de prevención epidemiológica. Pero no profundiza en lo que esto significa realmente: que en Venezuela, cuatro días después de un terremoto de magnitud 7,5, el Estado no solo carece de capacidad de respuesta, sino que activamente obstaculiza la solidaridad civil. Los habitantes de Caracas bajaban con agua y comida. El Gobierno cerró la autopista. Esto no es un problema de recursos; es un problema de decisión política.
La corresponsal Daniella Zambrano recoge testimonios que apuntan en esa dirección. Una vecina dice: "Tenemos cuatro días y vino gente del Gobierno y a este edificio no le prestaron atención. Hay gente muerta, y había gente viva pero no sobrevivieron porque no hay nadie". Otra lamenta: "Nos quitaron la ayuda que teníamos, que era la gente de Caracas que bajaba, con agua, con galletas, con dulce". Estos testimonios no hablan de una tragedia abstracta; hablan de una elección.
Pero France 24, al presentar todo esto bajo el rótulo de "lentitud de los rescates" y "falta de recursos", corre el riesgo de normalizar lo que es anómalo. En otros contextos, cuando un Gobierno cierra las vías de acceso a una zona de desastre y restringe la ayuda humanitaria, la prensa internacional lo llama por su nombre: represión, control autoritario, negligencia deliberada. Aquí, lo llama contexto.
No es que France 24 mienta. Es que encuadra la crisis de manera que la convierte en un problema de capacidad estatal deficiente, cuando los hechos que reporta sugieren algo más grave: un Estado que elige priorizar el control sobre la salvación de vidas. La acumulación de cadáveres en descomposición, la contaminación de los centros de atención médica, las muertes evitables, todo esto aparece en el reportaje como consecuencia de la falta de recursos. Pero también podría leerse como consecuencia de decisiones.
Este es el encuadre que domina en la cobertura internacional de América Latina cuando los gobiernos autoritarios enfrentan crisis: la tendencia a leer la incompetencia como si fuera equivalente a la negligencia, y la negligencia como si fuera equivalente a la incapacidad, cuando a menudo es intencional. Venezuela merece una cobertura que nombre esa diferencia. Hasta ahora, la prensa extranjera sigue eligiendo la ambigüedad.