La prensa internacional lee el relanzamiento de Milei como lo que es: un acto de supervivencia política disfrazado de renovación administrativa. El País América captura el movimiento con precisión: cuatro meses de turbulencia culminan en cambios de personal que prometen "una nueva etapa", mientras el portavoz del Gobierno declara que "lo peor ya pasó". Es el lenguaje de quien intenta cerrar un capítulo que no termina de cerrarse.
Lo que importa en el encuadre extranjero es la contradicción implícita en este relanzamiento. Milei construyó su llegada al poder sobre una promesa radical: acabar con la corrupción mediante un ataque frontal a las estructuras políticas tradicionales. Esa fue su marca, su diferencial, su legitimidad. Pero lo que la cobertura internacional subraya ahora es que ni siquiera un gobierno fundado en el rechazo visceral a la corrupción puede evitar los ciclos de crisis que generan esos mismos escándalos. El Adorni affair no fue un incidente aislado: fue cuatro meses de erosión constante que obligaron a la Casa Rosada a buscar una salida.
La elección de Diego Santilli como nuevo jefe de Gabinete es, en sí misma, reveladora del giro que la prensa extranjera percibe. Santilli no es un tecnócrata libertario ni un apóstol de la austeridad radical. Es un dirigente "con largo recorrido en la política argentina", como señala El País, lo cual significa que es un negociador, alguien que entiende los códigos de la política tradicional que Milei prometía destruir. Que el Gobierno recurra a él ahora, después de meses de crisis, es un mensaje que la prensa internacional lee con claridad: la radicalidad tiene límites cuando la gestión requiere estabilidad.
La ausencia de Milei de la cumbre del Mercosur para "encaminar su gestión interna" añade otra capa al relato. No es un detalle menor. Un presidente que se ausenta de una reunión regional de importancia para resolver sus propios problemas internos es un presidente que está priorizando la contención de daños sobre la proyección externa. Y que cierre el día en la embajada de Estados Unidos celebrando la independencia norteamericana subraya dónde están sus alineamientos reales.
Lo que la prensa internacional no dice explícitamente, pero que su encuadre deja claro, es que este relanzamiento es frágil. Cambiar caras en el gabinete no resuelve las contradicciones de fondo que generaron la crisis de Adorni. El Gobierno sigue siendo el mismo: con las mismas políticas de ajuste, con la misma dependencia de negociaciones que erosionan su narrativa antipolítica, con la misma vulnerabilidad a que nuevos escándalos cuestionen su credibilidad. Decir que "lo peor ya pasó" es un acto de fe, no un diagnóstico.