Inicio/Opiniones · México
En vivo
🇲🇽 Méxicoviernes, 17 de julio de 2026

La FGR ha entregado, casi por accidente, una radiografía de sí misma. El reconocimiento de que desconocía la identidad del piloto que trasladó a Ismael El Mayo Zambada a Estados Unidos hasta junio de 2025, meses después de su detención en agosto del año anterior, no es un detalle administrativo sino un síntoma que la prensa internacional lee con claridad: México captura a sus criminales sin saber quiénes son ni qué han hecho.

El caso de Mauro Alberto Núñez Ojeda, alias Jando, encarna una paradoja que fascina a los corresponsales extranjeros porque toca el nervio de una pregunta más amplia. Un hombre es detenido en un operativo, entregado a la justicia estadounidense junto a otros veinticinco delincuentes de alta peligrosidad, y la fiscalía mexicana permanece ignorante de su rol central en uno de los eventos más relevantes del crimen organizado reciente: el traslado del capo histórico del Cartel de Sinaloa. Solo cuando Washington coteja las huellas dactilares, meses después, México se entera de lo que sus propias autoridades capturaron.

El País América, que es el medio que reporta esto, no necesita añadir dramatismo. El hecho habla por sí solo, pero lo que importa es el encuadre que la prensa extranjera construye alrededor de él. No se trata de corrupción en el sentido clásico, ni de complicidad deliberada. Es algo que en ciertos aspectos resulta más desalentador: la incompetencia institucional como rasgo estructural. Un aparato de seguridad que detiene sin identificar, que procesa sin comprender, que actúa sin información. México como un Estado que ejecuta movimientos sin dominar el tablero.

Este relato se suma a una narrativa más antigua pero que sigue vigente en la cobertura internacional: la de un país donde las instituciones formales funcionan en paralelo a las dinámicas reales del poder. La FGR existe, tiene protocolos, realiza operativos. Pero su conocimiento del crimen que persigue llega con retraso, a través de terceros, como una información que le es comunicada desde afuera. El verdadero mapeo del narcotráfico mexicano no reside en la fiscalía sino en las bases de datos estadounidenses.

Lo que la prensa extranjera subraya, entonces, no es tanto un fracaso puntual sino la confirmación de una debilidad sistémica: México no controla la información sobre su propio territorio criminal. Eso es lo que permanece en el aire cuando se cierra esta noticia.

Compartir