Inicio/Opiniones · República Dominicana
En vivo
🇩🇴 República Dominicanasábado, 18 de julio de 2026

La prensa internacional que cubre República Dominicana ha elegido hoy un encuadre que resulta particularmente revelador por lo que omite: el de la modernización financiera como fenómeno técnico desvinculado de cualquier contexto político o social más amplio. Infobae América dedica su cobertura principal a los números de los pagos al instante, a las tasas de crecimiento, a la participación de mercado, presentando la transformación digital del sistema de pagos dominicano como un logro de eficiencia sin aristas, sin tensiones, sin las preguntas que naturalmente debería formular un periodismo serio.

Los datos que publica son verificables y sustanciales: 4.8 billones de pesos movidos en 2025, un crecimiento de 36 veces respecto a 2015, la participación que pasó de 3.7 por ciento a 29 por ciento en una década. Pero la narrativa que construye alrededor de esos números es peculiar. El artículo atribuye el auge de los pagos al instante a "la rapidez, seguridad y facilidad que ofrece esta modalidad", como si las decisiones de adopción tecnológica en un sistema financiero fueran resultado puro de preferencias individuales racionales. Menciona la pandemia como catalizador, lo cual es cierto, pero no interroga qué significa que una población requiera urgentemente canales digitales para acceder a su propio dinero, qué revela eso sobre la infraestructura previa, sobre la exclusión financiera que precedió a esa digitalización acelerada.

Lo más notable es lo que el encuadre extranjero deja fuera del relato. No aparece ninguna referencia a quiénes quedan excluidos de este sistema de pagos al instante. No hay mención de las brechas digitales, de la población sin acceso a internet o a dispositivos, de las zonas rurales donde la infraestructura de telecomunicaciones sigue siendo precaria. El reportaje presenta la "inclusión financiera" como resultado automático de la digitalización, sin examinar si ese acceso es real o simulado, si beneficia equitativamente o profundiza desigualdades existentes. Tampoco interroga sobre las comisiones, sobre quién captura el valor generado por estos flujos de 4.8 billones de pesos, sobre la concentración del poder financiero en el ecosistema de pagos.

Hay, además, una peculiaridad en la selección de fuentes. El artículo se apoya casi exclusivamente en datos de la Asociación de Bancos Múltiples de República Dominicana, es decir, en la voz de los beneficiarios directos de esta transformación. No hay contrapeso regulatorio, no hay perspectiva de consumidores, no hay análisis independiente sobre riesgos sistémicos, sobre ciberseguridad, sobre protección de datos. El encuadre es, en esencia, el encuadre que el sector bancario quiere que se cuente.

Lo que la prensa internacional está haciendo aquí es convertir un cambio financiero complejo en una historia de progreso lineal. Eso es cómodo porque no requiere que se examinen las consecuencias distributivas, las vulnerabilidades que pueden acompañar la concentración de flujos de dinero en plataformas digitales, o las decisiones políticas y regulatorias que hicieron posible este cambio. Es un encuadre que celebra la modernidad sin preguntarse modernidad para quién, a costa de qué, bajo qué condiciones de competencia o concentración.

Mientras tanto, en los otros titulares del día —crímenes contra menores, violencia de género, desapariciones en ríos— la prensa extranjera sigue tejiendo un relato paralelo sobre un país donde la violencia es cotidiana y el Estado responde con operativos y arrestos. La coexistencia de ambos relatos, el de la modernización financiera sin fricciones y el de la violencia sin contexto, produce una República Dominicana fragmentada en la imaginación internacional: un país que avanza tecnológicamente mientras se desmorona socialmente, sin que nadie sugiera que ambas cosas podrían estar conectadas, que la inclusión financiera sin inclusión social real, sin seguridad, sin instituciones que protejan a las personas, es un progreso que deja a muchos atrás.

Compartir