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🇩🇴 República Dominicanadomingo, 19 de julio de 2026

La prensa internacional que hoy observa República Dominicana mediante el caso de los sobornos en seguridad privada ha elegido un encuadre que revela algo importante sobre cómo se narra la corrupción institucional desde afuera: como un asunto de procedimiento penal, de audiencias y autos de apertura, antes que como un patrón de captura estatal que operó durante más de una década sin interrupción aparente.

Infobae América, que nuevamente es la voz extranjera prácticamente única en la cobertura visible, sitúa el relato en el momento procesal preciso: la designación del juez Deiby Timoteo Peguero, la necesidad de fijar una audiencia preliminar, la solicitud que hará la fiscalía de apertura a juicio. Los detalles son exactos. Los números son reales: 108 millones de pesos distribuidos en un esquema que abarcó de 2012 a 2025, con interrupciones que la acusación marca pero que el relato no interroga. Lo que importa en esta narrativa extranjera es que el proceso avanza, que hay sorteo computarizado, que las instituciones funcionan.

Pero hay un silencio revelador en cómo se construye esta historia. El esquema descrito por la Pepca no es un desvío ocasional de funcionarios corruptos, sino lo que el expediente mismo denomina una "corrupción institucionalizada" que "subordinó por completo el sistema de control estatal". Eso significa que durante trece años, las instituciones públicas dominicanas —EdeSur, EdeEste, el Instituto Nacional de Atención Integral a la Primera Infancia— operaron bajo un régimen de sobornos sistemáticos que nadie detuvo, que nadie reportó hasta que llegó una denuncia externa, que funcionó con la participación de militares, civiles y empresas que sabían exactamente qué estaban haciendo.

La prensa extranjera no ignora estos hechos. Los menciona. Pero los ordena de un modo que los vuelve manejables: son componentes de un caso que ahora se procesa, indicadores de un sistema que, al capturar a los responsables, demuestra que funciona. No son síntomas de que el sistema nunca funcionó, de que fue capturado desde adentro y que solo la presión externa lo obligó a actuar.

Hay además un detalle que merece atención: la operación que generó estos arrestos se llamó Operación Lobo y fue lanzada en julio de 2025. Es decir, hace apenas meses. Una red que repartía sobornos entre 2012 y 2025 fue descubierta y procesada en tiempo récord, lo cual puede significar dos cosas simultáneamente verdaderas según la narrativa extranjera: que las instituciones dominicanas finalmente funcionan, o que funcionaron tan mal durante tanto tiempo que necesitó una operación especial para detener lo que debería haber sido evidente años atrás.

La prensa internacional elige la primera interpretación porque es la que permite mantener la historia dentro de los límites del relato de progreso institucional. Pero el encuadre, al hacerlo, omite la pregunta que cualquier periodismo serio debería formular: cómo es posible que una corrupción "institucionalizada" en empresas de seguridad privada de instituciones públicas mayores no fuera detectada por ningún mecanismo de control durante trece años. Eso no es un fallo de individuos. Eso es un fallo de arquitectura.

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