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🇻🇪 Venezuelamiércoles, 22 de julio de 2026

El texto de Infobea América que circula hoy como principal encuadre sobre Venezuela propone una ecuación que merece escrutinio: la idea de que la crisis venezolana es fundamentalmente un problema de ética política, de líderes que han abandonado los principios en busca de eficacia inmediata. Es un argumento moralmente satisfactorio, pero también revelador de cómo la prensa extranjera tiende a universalizar sus propias preocupaciones cuando observa a Venezuela.

El editorial traza un paralelismo entre la investigación penal contra Zapatero en España y la respuesta desorganizada del gobierno venezolano ante los terremotos de junio. El hilo que los une, según el análisis, es la transgresión ética: en un caso, presuntos delitos de tráfico de influencias; en el otro, negligencia humanitaria durante una emergencia. Ambos serían síntomas de gobiernos que han cesado de considerar a los ciudadanos como centro de su acción. La conclusión es que la moral no es un lujo sino una condición de eficacia estatal duradera.

Hay verdad en eso, pero también hay una simplificación que es típica del periodismo extranjero cuando analiza Venezuela desde cierta distancia. El texto presenta la desorganización ante el terremoto como evidencia de una erosión ética progresiva, como si el problema fuera principalmente que los funcionarios venezolanos carecen de principios. Pero la realidad que ese mismo material documenta —hospitales de campaña instalados en lugares equivocados, ayuda retenida, obstáculos a equipos de rescate— también podría interpretarse como resultado de colapso institucional, falta de recursos, o incluso como decisiones políticas deliberadas de control sobre la información y la asistencia. No son la misma cosa. Una es un diagnóstico moral; la otra es un diagnóstico de capacidad estatal o de intención política.

Lo que la prensa extranjera tiende a hacer, y que Infobae América ejemplifica hoy, es elevar el relato ético al nivel de explicación principal. Es más limpio narrativamente: permite al lector internacional sentir que entiende el problema en términos que reconoce de su propio contexto político. La corrupción, el abandono de principios, la erosión de la confianza institucional son categorías que funcionan en Madrid, en Nueva York, en cualquier democracia liberal que lee estos análisis. Pero en Venezuela, donde el Estado ha dejado de funcionar en muchas dimensiones no por falta de ética sino por falta de moneda, de combustible, de capacidad logística básica, ese encuadre corre el riesgo de diagnosticar la fiebre mientras ignora la enfermedad.

Hay otro problema en el texto: la comparación con España. Infobae la presenta como si ambos países enfrentaran versiones similares del mismo dilema. Pero España es una democracia donde un tribunal puede investigar a un expresidente; Venezuela es un régimen donde eso no ocurriría. El paralelismo oculta esa diferencia fundamental. La reputación internacional de España está en riesgo porque sus instituciones aún funcionan lo suficiente como para que haya consecuencias judiciales. La de Venezuela ya ha sido destruida, y no por una decisión ética de sus líderes sino por la desaparición de cualquier mecanismo institucional que pueda rendirles cuentas.

El editorial de Infobea no es incorrecto en sus hechos. Pero es revelador en lo que elige como centro del análisis. Cuando la prensa extranjera se enfoca en la ética como explicación principal de la crisis venezolana, está cometiendo un acto de traducción que simplifica la realidad para hacerla inteligible a sus lectores. Y en ese proceso, pierde de vista algo que es quizá más importante: que Venezuela no es un problema de líderes sin principios, sino de un Estado que ha dejado de existir como tal.

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