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🇺🇾 Uruguaysábado, 25 de julio de 2026

La prensa internacional descubre hoy en Uruguay el colapso de una ilusión que el país había cultivado durante décadas: la de ser una excepción latinoamericana. Infobae América reporta el asesinato de un niño de doce años en una balacera entre bandas narco en Montevideo, un crimen que el ministro del Interior caracteriza como parte de una "cadena de venganzas" que se inició en 2023. El encuadre es brutal, pero lo que merece atención es cómo la prensa extranjera está procesando este evento: no como un accidente o una anomalía, sino como confirmación de una transformación estructural que Uruguay ya no puede negar.

El dato que Infobea subraya es perturbador en su especificidad. La víctima pertenecía a una familia narco, Los Puglia, que opera en Villa Española. El crimen ocurrió durante picadas clandestinas que se realizan todos los jueves en el Parque Rodó, una de las zonas más concurridas de la rambla de Montevideo. Cientos de personas estaban presentes cuando dos motociclistas dispararon. Hubo cinco heridos adicionales, entre ellos un adolescente de catorce años. La prensa extranjera nota que la Policía llegaba justo cuando sucedía la balacera, un detalle que generó críticas políticas sobre la falta de prevención.

Lo interesante es que el gobierno uruguayo no intenta esconder la realidad. El presidente Yamandú Orsi dijo algo que revela la grieta en la narrativa nacional: "En América Latina esto es un hecho más normal, pero en Uruguay no estábamos acostumbrados o no era nuestro estilo". Esa frase, reportada por Infobea, es el epitafio de una identidad. Uruguay se está descubriendo a sí mismo no como una isla de estabilidad, sino como un país que está atravesando la misma violencia narco que sus vecinos, solo que con un retraso de décadas. La prensa internacional lee esto como un despertar tardío a una realidad que ya era evidente en otras partes de la región.

El ministro del Interior, Carlos Negro, agregó un elemento que la prensa extranjera probablemente seguirá: la observación de que "una de las familias involucradas prácticamente ha perdido todos sus miembros en los enfrentamientos" pero que "surgen grupos y clanes afines". Esto sugiere una guerra de desgaste sin fin, no un problema de seguridad que pueda resolverse con operativos policiales. El gobierno anuncia un "operativo especial" para abordar la violencia, pero el tono es defensivo, casi de contención.

Lo que la prensa extranjera está viendo es un Uruguay que no puede ya presentarse como diferente. El país que fue símbolo de institucionalidad, educación y paz relativa en la región está ahora enredado en la misma lógica de venganzas narco que caracteriza a Colombia, México o Brasil. El asesinato de un niño de doce años en una balacera entre bandas es, para la mirada de afuera, la prueba de que Uruguay no es una excepción sino un rezagado en un continente donde la violencia criminal ya es parte del paisaje.

El respaldo del presidente al ministro Negro, frente a las demandas de renuncia de la oposición, también será leído por la prensa internacional como un signo de que el gobierno reconoce que no hay solución rápida, que el problema es estructural y que cambiar ministros no detendrá una dinámica que ya está en marcha. Uruguay está dejando de ser noticia por su estabilidad y comienza a serlo por su caída. Ese cambio de encuadre es lo que hoy está registrando la prensa extranjera.

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