La prensa extranjera que hoy observa República Dominicana ha decidido enfocar su atención en un fenómeno que, aunque de naturaleza clínica y circunscrito a un centro de salud en Santiago, contiene un mensaje más amplio sobre las transformaciones sociales que atraviesan el país. Infobae América publica un reportaje detallado sobre el duplicamiento de la demanda de atención por trastornos del neurodesarrollo en la Unidad de Psicología Especializada de la Clínica Corominas, un dato que podría leerse de dos maneras completamente distintas, y es precisamente en esa ambigüedad donde reside el encuadre extranjero.
La narrativa que construye el medio es, en apariencia, positiva. El aumento de pacientes se atribuye a una "mayor conciencia social" y a una "búsqueda activa de ayuda profesional por parte de las familias". Las cifras son concretas: 132 citas diarias, 70% dirigidas a menores, una agenda de sábados completamente llena. Hay testimonios de una especialista que habla de "potenciar capacidades" y de intervención temprana como clave del desarrollo. Hay incluso un reconocimiento a las madres solteras y abuelas que sostienen los procesos terapéuticos. Todo esto suena como una historia de progreso institucional y sensibilización social.
Pero lo que la prensa internacional no examina, o al menos no de manera prominente, es la pregunta inversa: ¿por qué se ha duplicado la demanda? ¿Es realmente solo mayor conciencia, o hay también un incremento real en la incidencia de estos trastornos? El reportaje menciona que los adolescentes llegan con ansiedad, depresión, acoso escolar, conflictos familiares y consumo temprano de sustancias. Estos son síntomas que apuntan a condiciones sociales más amplias: estrés familiar, desintegración, violencia escolar. Pero el encuadre extranjero los trata como problemas individuales que requieren diagnóstico y terapia, no como señales de una sociedad bajo presión.
Hay algo casi ingenuo en cómo el reportaje presenta la solución: colaboración entre consultorio, familia y colegio, rutinas claras en el hogar, detección temprana. Todo esto es necesario y válido. Pero República Dominicana, según los propios datos que circulan en la prensa internacional, es un país donde la violencia homicida sigue siendo un problema de primer orden, donde la pobreza afecta a sectores significativos de la población, donde las estructuras familiares están bajo presión económica y social. La prensa extranjera elige ver el aumento de consultas psicológicas como un signo de modernización sanitaria, cuando podría también ser un signo de que más familias están buscando ayuda porque sus hijos están pasando por crisis emocionales que van más allá de lo que una terapia ocupacional puede resolver.
El encuadre es, en suma, medicalizante. Convierte un síntoma social en un problema clínico, lo cual es útil para quienes necesitan atención profesional, pero oscurece las preguntas más incómodas sobre qué está ocurriendo en la sociedad dominicana que genera tanta demanda de servicios de salud mental infantil. La prensa extranjera, al celebrar la capacidad del sistema para responder, evita interrogar por qué el sistema debe responder a tanto. Es una cobertura que premia la resiliencia institucional mientras normaliza la crisis que la resiliencia intenta contener.