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🇻🇪 Venezuelamartes, 28 de julio de 2026

La prensa extranjera vuelve a Venezuela un mes después de los terremotos, pero no para interrogar qué ha sucedido en ese intervalo. Vuelve para ritualizarlo. El titular de France 24 anuncia que Venezuela honra a miles de víctimas, una formulación que desplaza la noticia del terreno de los hechos al de la ceremonia. Es decir: la catástrofe se convierte en acto de memoria antes de que se haya completado el rescate.

Hay algo notable en este encuadre que merece examinarse sin piedad. Cuando la prensa internacional dice que Venezuela honra a sus víctimas, está presuponiéndolo como un acto consumado, como si el duelo colectivo fuese un evento que puede reportearse y cerrarse. Pero ese presupuesto oculta una pregunta más incómoda: ¿honra Venezuela a sus víctimas, o es la cobertura extranjera la que, al nombrar ese acto, lo sanciona como existente? La diferencia no es semántica. Es la diferencia entre reportar lo que sucede y construir narrativamente lo que debería suceder.

Un mes es un tiempo extraño para esta cobertura. No es lo bastante cercano al desastre para justificar la urgencia del reportaje inmediato, ni lo bastante lejano para permitir un análisis de consecuencias estructurales. Es exactamente el momento en que la noticia se vuelve simbólica: las víctimas pasan de ser cifras de emergencia a ser cifras de memoria. La prensa extranjera parece estar operando en ese intersticio, buscando la fotografía del duelo sin necesidad de interrogar las condiciones que lo hicieron posible.

Lo que falta en este titular, y lo que ha faltado en la cobertura precedente según los editoriales anteriores, es cualquier mención a qué viene después. No hay preguntas sobre reconstrucción, sobre responsabilidad institucional, sobre si las estructuras que colapsaron bajo los terremotos eran estructuras que ya estaban colapsadas. La narrativa extranjera ha elegido el camino más limpio: la catástrofe natural como evento cerrado, el duelo como respuesta suficiente, la memoria como conclusión.

Esto no es un reproche a quienes reportean desde el terreno. Es una observación sobre cómo la distancia geográfica y editorial permite que una historia se convierta en elegía sin necesidad de convertirse en investigación. Venezuela honra a sus víctimas, dice el titular. Y con eso, la prensa extranjera puede dejar reposar la noticia, confiada en que ha cumplido su función: ha visto, ha registrado, ha permitido que el mundo sepa que hay duelo. Pero duelo de qué, y por qué, y qué sigue, son preguntas que quedan para otro titular, en otro mes, cuando quizá ya nadie esté escuchando.

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