Hay días en que la prensa extranjera decide mirar a Nicaragua desde un ángulo que, por su propia rareza, obliga a detenerse dos veces. El titular principal de la jornada no es una crisis política, ni una denuncia de derechos humanos, ni una maniobra del régimen. Es, literalmente, la decisión de la Alcaldía de Ciudad Sandino de multar con hasta 1,500 córdobas a los dueños de carretas tiradas por caballos que no recojan los excrementos de sus animales. La noticia, difundida por Infobae América a partir del reporte de Despacho 505, describe una ordenanza municipal que obliga a instalar una "pañalera ecológica" en cada equino que circule por la vía pública, con sanciones escalonadas de 500 a 1,500 córdobas, y un destino curioso para los desechos: el Vivero Municipal Kamilo Lara, donde serán convertidos en abono orgánico. Es una medida de higiene urbana, sin duda razonable, propia de cualquier ciudad que convive con la tracción animal. La pregunta que un lector atento debería hacerse no es si la medida es correcta, sino por qué esta es la noticia que hoy encabeza la cobertura sobre Nicaragua.
El contraste con el resto de los titulares de la misma fuente resulta tan abrupto que casi parece un error de edición. El Ministerio de Salud admite casos de Covid-19, la misma cartera que durante años negó la pandemia de manera sistemática. La vulnerabilidad geopolítica del país se describe como "elevada", con dolarización financiera y débil gobernanza. Las desapariciones de adolescentes en Masaya y Estelí mantienen a cuatro familias en vilo, sin señales concretas de sus hijos. Ese es el material que la prensa extranjera tiene sobre la mesa. Y sin embargo, la elección de destacar una normativa municipal sobre excrementos de caballos en lugar de estos dramas más profundos revela algo más que un simple sesgo informativo: refleja una estrategia de simplificación que reduce la realidad nicaragüense a anécdotas pintorescas, evitando así el escrutinio de problemas estructurales que incomodan a ciertos intereses internacionales.