Hay días en que Argentina aparece en la prensa extranjera por lo que hace, y días en que aparece por lo que le hacen. La noticia que hoy publica El País América pertenece decididamente a la segunda categoría, y es doblemente reveladora: no solo por el episodio que describe, sino por la naturalidad con la que el medio enmarca a un país sudamericano como escenario de una disputa que no le pertenece. La Embajada de Estados Unidos en Buenos Aires ha presionado a una cooperativa de servicios públicos de la provincia de Neuquén para que abandone una negociación con Huawei, y ha llegado al extremo de amenazar a sus directivos con retirarles la visa de ingreso a territorio estadounidense. La Embajada de China responde acusando a Washington de incurrir en una grave falta de respeto hacia la soberanía de otros países. En el medio, la Cooperativa CALF, el yacimiento de Vaca Muerta y, de manera más incómoda, la propia noción de que Argentina pueda decidir algo por sí misma.
La escena tiene todos los ingredientes de una novela de espionaje geopolítico, pero le falta el elemento que la convertiría en un relato cómodo para el lector internacional: no hay aquí un gobierno argentino tomando partido, ni una declaración oficial de Buenos Aires, ni siquiera un intento de mediar entre las partes. Lo que hay es una potencia que ejerce presión directa sobre una cooperativa patagónica, con la visa como instrumento de coerción sobre ciudadanos privados, mientras la otra potencia observa y protesta por los micrófonos de la diplomacia. Argentina, en esta narración, no es un actor con agencia sino un tablero. Y eso, que la prensa extranjera registra casi sin aspavientos, es quizá la verdadera noticia.
El País América subraya que la disputa se centra en la contratación de tecnología de Huawei por parte de CALF, y que la embajada estadounidense justificó su presión apelando a la seguridad estratégica de la zona de Vaca Muerta. Es un detalle que conviene detener a examinar. Vaca Muerta es el nombre que la prensa internacional ha aprendido a pronunciar como sinónimo de riqueza energética futura; un yacimiento que no pertenece a Estados Unidos ni a China, pero que ambas potencias parecen dar por sentado que deben disputarse. La amenaza de retirar visas a directivos de una cooperativa no es una sanción diplomática convencional: es un aviso de que Washington considera que la decisión de qué tecnología se instala en la Patagonia es, en última instancia, una cuestión que le compete a él. La reacción china, acusando a Estados Unidos de faltar el respeto a la soberanía de otros países, tiene la virtud de nombrar lo que el encuadre estadounidense prefiere dejar en penumbra: hay un país, Argentina, cuya soberanía está siendo discutida sin que nadie le haya pedido opinión.
Hay algo casi distópico, y sin embargo perfectamente real, en que la presión se ejerza sobre una entidad descentralizada como una cooperativa de servicios públicos.