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🇨🇺 Cubadomingo, 9 de agosto de 2026

Hay días en que la prensa extranjera parece haber decidido por nosotros cuál es la noticia, y hoy ha decidido que Cuba vuelve a ser un tablero de espionaje. El titular del New York Times sobre un grupo de trabajo secreto de la CIA, creado bajo presión de Trump, tiene el perfume inconfundible de la Guerra Fría: agencias, presión presidencial, La Habana como objetivo. No es un dato menor que esta filtración aparezca justo cuando el expresidente estadounidense vuelve a ser noticia por sus ambiciones políticas. La pregunta que formula France 24 en inglés —qué quiere realmente Trump— es, en ese contexto, casi una respuesta: nadie lo sabe, ni siquiera los que publican el rumor.

Lo más interesante del encuadre de hoy no es, sin embargo, el regreso de la CIA a los titulares. Es la convivencia, en un mismo tablero, de dos miradas que apenas se rozan. Por un lado, la geopolítica de salón: operaciones encubiertas, presiones, interrogantes sobre las intenciones de un político estadounidense. Por el otro, el país real, el que France 24 en español retrata con sobriedad: Cuba a oscuras, una población que enfrenta el colapso energético no como especulación estratégica sino como rutina nocturna. La distancia entre ambos encuadres es la distancia que separa al que observa un tablero del que vive en la casilla.

Y luego está el cuarto titular, el que quizá incomoda más a esa mirada exterior: con las luces apagadas, los fieles juran resistir la intervención de Estados Unidos. No es un titular sobre la resistencia como categoría política abstracta, sino sobre una resistencia concreta, asumida en la oscuridad, que la prensa extranjera registra casi con sorpresa. Durante semanas hemos leído crónicas sobre el apagón como escenario de desolación; hoy, el mismo escenario es descrito como espacio de firmeza. No se trata de negar la gravedad de la crisis energética, que ningún titular contradice. Se trata de que, por una vez, el cubano aparece en la frase no como víctima que espera, sino como actor que se queda.

La mirada de afuera sobre Cuba sigue siendo, en el mejor de los casos, una mirada que necesita etiquetas: ahora la CIA, ahora la resistencia, ahora la pregunta por Trump. Lo que no aparece en ninguno de estos titulares es una indagación seria sobre por qué un país con semejante crisis energética sigue siendo, para Washington, un asunto que exige grupos de trabajo secretos. Esa ausencia es, en sí misma, un titular. Mientras la prensa extranjera se pregunta qué quiere realmente Trump, los cubanos apagan las velas. Y no parece que nadie, desde afuera, haya encontrado todavía la manera de mirar ambas cosas al mismo tiempo.

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