La prensa internacional que hoy mira a República Dominicana ha encontrado un motivo de celebración y, al mismo tiempo, una rareza digna de nota. Los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026 ocupan el centro de la agenda exterior sobre el país, y no es para menos: la delegación anfitriona ha firmado una edición histórica, con siete medallas de oro en boxeo y un voleibol femenino que, según reporta Infobae América citando a Listín Diario, conquistó su séptimo oro consecutivo y el noveno en total, rompiendo el empate con Cuba y convirtiéndose en la selección más exitosa del torneo desde 1926. Esos son hechos objetivos, medibles, que cualquier corresponsal puede confirmar. La mirada de afuera, en ese sentido, no distorsiona: reconoce el mérito deportivo y lo coloca como merece.
Pero hay un segundo titular que acompaña la misma jornada y que introduce un matiz incómodo, casi una grieta en la narrativa triunfalista. La ceremonia de clausura, informa el mismo medio, será sin público. Sin venta de entradas. Solo atletas, entrenadores, voluntarios y colaboradores podrán presenciar el acto final, que contará con Juan Luis Guerra interpretando “Canto a la patria” para reforzar, según se indica, el sentido de identidad nacional. La decisión, dice el comité organizador, responde a lineamientos internos y ha sido comunicada reiteradamente. Uno no puede evitar preguntarse qué celebración es esa que no admite espectadores. Qué patria se construye cuando el pueblo, que financió con sus impuestos y apoyó con su entusiasmo cada una de las victorias, queda excluido del cierre de su propio festival deportivo. La prensa extranjera, en este caso, no tergiversa la realidad, pero sí la interpreta: República Dominicana avanza en lo deportivo, pero en lo simbólico aún le falta incluir a quienes, en el fondo, son los verdaderos protagonistas.