Inicio/Opiniones · Venezuela
En vivo
🇻🇪 Venezuelalunes, 10 de agosto de 2026

El titular de hoy del New York Times trae un matiz que conviene no pasar por alto: ya no dice, como en días anteriores, que Venezuela "expone sus carencias al pedir ayuda". Dice ahora que "la respuesta de Venezuela a los terremotos expone las carencias del gobierno". El desplazamiento es sutil y revelador. El foco ya no está en el gesto del país que solicita asistencia, sino en la actuación del Estado frente al desastre. La mirada extranjera ha pasado de registrar una petición a emitir un veredicto sobre una gestión.

Ese veredicto, además, viene formulado en el titular mismo, con una seguridad que no admite matices. No se sugiere que la respuesta haya sido insuficiente en algún aspecto, que la coordinación haya fallado o que los recursos hayan llegado tarde. Se afirma que la respuesta, en sí misma, deja ver las carencias del gobierno. El terremoto, así, queda convertido en un instrumento de diagnóstico: la naturaleza sacude el suelo y la prensa internacional aprovecha la vibración para leer el interior del Estado venezolano, sus vacíos, su maquinaria desajustada.

Hay algo de economía narrativa en esta operación. Un desastre natural es un acontecimiento complejo, con víctimas, daños materiales, urgencias logísticas y una cronología caótica. Pero el titular lo reduce a una sola dimensión: la revelación de una deficiencia gubernamental. No sabemos, por el enunciado, qué carencias son esas. No se nos dice si son materiales, técnicas, institucionales o de simple capacidad de reacción. Tampoco se menciona a los damnificados, ni el estado de las zonas afectadas, ni los esfuerzos de los equipos de emergencia. La catástrofe no aparece como un hecho humano que reclama atención; aparece como un expediente que se abre contra el gobierno.

Esta manera de encuadrar no es nueva en la cobertura internacional de Venezuela, pero hoy adquiere un rasgo propio. Antes, la solicitud de ayuda era presentada como una suerte de confesión involuntaria: el país que pide queda retratado. Ahora, el retrato se traza sin necesidad de que nadie pida nada. Basta con que el gobierno actúe, o intente actuar, para que su respuesta sea interpretada como una prueba en su contra. Hay una lógica subyacente que conviene nombrar: para una parte de la prensa extranjera, cualquier gesto del Estado venezolano, incluso frente a un fenómeno natural, es antes que nada una oportunidad para confirmar un diagnóstico previo.

Lo que el titular omite es también significativo. No hay un solo elemento que permita al lector formarse una idea de lo que realmente está ocurriendo sobre el terreno. No se sabe si las autoridades desplegaron equipos de rescate, si la población civil organizó brigadas espontáneas o si la comunidad internacional ya ha movilizado recursos. En su lugar, el texto se limita a consignar una presunta incompetencia estatal, como si el desastre fuera solo un escenario para juzgar, y no una tragedia que exige comprensión y solidaridad.

Compartir