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🇦🇷 Argentinamartes, 11 de agosto de 2026

La Argentina que la prensa internacional elige mirar hoy no es la que se desangra por un terremoto en Colombia —donde el dolor ajeno, pese a su magnitud, solo sirve como telón de fondo—, sino la que llora en silencio a un hombre que, sin ser presidente ni economista, logró lo que pocos en el país: ser reconocido globalmente. Jorge Messi, cuya muerte ocupa las portadas de la BBC Mundo, no es noticia por su vida, sino por el apellido que porta. La cobertura reduce su existencia a un apéndice del destino de su hijo, como si el valor de un padre se midiera exclusivamente por el éxito de su descendiente. No hay aquí espacio para la complejidad de un hombre que dejó su empleo metalúrgico para convertirse en agente, consejero y, sobre todo, en el sostén emocional de un niño que crecía con problemas hormonales. La narrativa extranjera prefiere la anécdota —la servilleta firmada por Carles Rexach, los viajes a Barcelona, las declaraciones de Lionel sobre su padre— antes que el retrato de un hombre que, en silencio, moldeó a una leyenda.

Lo curioso es que, incluso en el duelo, la Argentina que exporta la prensa es una construcción ajena. Los medios internacionales no cubren el dolor de la familia Messi en Rosario, sino el duelo de un país que se identifica con un ídolo. Newell’s Old Boys, la AFA y el Barcelona emiten comunicados que son replicados como si fueran parte de un mismo guión global, donde el fútbol actúa como lenguaje universal. La ironía es que, en un momento en que la Argentina real —la de la inflación, los ajustes y las crisis— debería ser el centro de atención, el mundo prefiere quedarse con la imagen de un estadio en duelo, donde las banderas argentinas ondean como un consuelo. El terremoto en Colombia, con sus más de cien muertos, apenas merece una mención marginal, como si el sufrimiento ajeno fuera menos fotogénico que el de una familia adinerada de Rosario.

Y sin embargo, hay un detalle que la prensa internacional omite con obstinada precisión: el contexto político. Mientras el mundo se detiene en el duelo Messi, el gobierno de Javier Milei avanza con redadas migratorias que, grabadas y difundidas como espectáculos, buscan proyectar una imagen de orden. La Argentina que la BBC Mundo no muestra es la de los extranjeros detenidos en situación irregular, la de los barrios donde el ajuste golpea con saña, la de una sociedad dividida entre quienes celebran el Mundial y quienes protestan contra la pobreza. Pero esos temas no venden como un titular sobre Messi. Al fin y al cabo, ¿qué importa la deuda con el FMI cuando el mundo puede llorar a un padre que, en vida, fue tan decisivo como un gol en una final? La prensa internacional ha decidido hoy que la Argentina es un país de símbolos, y Jorge Messi es el último en sumarse a esa galería.

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