Hay días en que la prensa internacional mira a República Dominicana y encuentra dos países distintos en una misma página. Esta mañana, Infobae América publica el reconocimiento de la FAO al país por haber alcanzado la meta de Hambre Cero, con declaraciones del presidente Luis Abinader y del representante del organismo, Rodrigo Castañeda. Es una noticia de primera, con cifras: la prevalencia de la subalimentación cayó del 8,3% en 2020 a menos del 2,5%. Es, además, una noticia de política pública, de esas que los corresponsales suelen reservar para los países nórdicos o para los grandes programas de protección social latinoamericanos. Que la protagonista sea una nación caribeña de ingresos medios, con un historial de vulnerabilidades climáticas y una economía dependiente del turismo, convierte el anuncio en una rareza digna de atención.
Pero el mismo medio, el mismo día, despliega en su sección dominicana un catálogo de otros asuntos que cuentan otra historia. Una mujer condenada por estafar a maestros con promesas de nombramientos en Barahona. El Ministerio Público pidiendo cuatro meses más para acusar a Santiago Hazim y a otros nueve por estafa. Una operación portuaria que frena el ingreso ilegal de cuatro millones y medio de cigarrillos y casi un millar de televisores. Un registro oficial que documenta más de cuatro mil desaparecidos en ocho años, uno de cada cuatro menor de once. La cobertura extranjera, sin proponérselo, arma un collage en el que el país del Hambre Cero convive con el país de las promesas incumplidas, el contrabando y las cifras siniestras que no generan declaraciones presidenciales.
El contraste no invalida el logro reconocido por la FAO. Sería un error de lector, y de redactor, leer estos titulares como una refutación mutua. La reducción de la subalimentación es un dato medible, verificado por un organismo multilateral, y el propio Castañeda atribuye el avance a una combinación de crecimiento económico, ampliación de la protección social, aumento de la producción y un liderazgo institucional sostenido. El país que emerge de estos reportes es, como todos, un territorio de claroscuros donde los éxitos no borran los desafíos pendientes ni las sombras diluyen los progresos. La prensa extranjera, al alternar sin transición ambas caras de la moneda, refleja sin quererlo una verdad incómoda: las naciones son siempre obras en construcción, donde lo alcanzado y lo pendiente coexisten en una tensión que ningún titular puede capturar por completo.