La noticia es la muerte de un cantante y, como suele ocurrir cuando muere un artista latinoamericano, la prensa extranjera aprovecha para ordenar el siglo XX argentino en una sola biografía. BBC Mundo titula con precisión de obituario: Piero, ícono de la canción popular y de protesta. El texto cumple con lo que promete y algo más: en pocos párrafos despacha el nacimiento italiano, la infancia argentina, el seminario, el éxito de «Mi viejo» en 1968, el exilio durante el régimen militar, el paso por España y Colombia, la amistad con Mercedes Sosa y el himno que le compuso, «Soy pan, soy paz, soy más», asociado a la caída de la dictadura en 1983. Es un resumen eficaz y, a su manera, también un resumen del modo en que el exterior suele mirarnos: le interesa de Argentina aquello que puede contarse como épica popular, como canción con destino continental, como talento que emigra y vuelve.
Hay un detalle que el obituario deja caer sin subrayarlo y que vale la pena subrayar: Piero tuvo que irse del país durante la dictadura. La frase aparece entre el éxito y el exilio, sin dramatismo, casi como un dato administrativo. Es la BBC, no un medio argentino, la que menciona el motivo, y lo hace con la sobriedad de quien ya ha contado esa historia muchas veces. En el mismo párrafo, el texto recuerda que su popularidad regional se consolidó con el disco infantil «Sinfonía inconclusa en la mar», de 1976, el mismo año en que el país entraba en su noche más larga. La coincidencia no está comentada, pero está ahí: un disco que hicieron cantar a varias generaciones mientras el Estado secuestraba personas. La prensa extranjera no la comenta porque su encuadre no es político, es cultural. Prefiere a Piero como autor de «Mi viejo» antes que como exiliado.
Los otros dos titulares del día confirman el patrón. El País América publica una entrevista con Gabriela Sabatini bajo el título de que los deportistas tienen hoy más conciencia social. Es un titular de tono amable, de sección de estilo, que convierte a una ex tenista en termómetro de una época. Y el tercer titular, atribuido a un feed sobre Argentina, insiste con Messi: su carrera convertida en misterio sagrado. De los tres, solo el obituario habla de algo que efectivamente ocurrió hoy. Los otros dos son piezas de archivo o de agenda, reciclajes de un interés que no se mueve.
El resultado es un retrato involuntario. La prensa extranjera mira a Argentina y encuentra, otra vez, a sus artistas y a sus deportistas. Encuentra a Piero cantando «Para el pueblo lo que es del pueblo» y no encuentra, en cambio, al pueblo de hoy. Encuentra a Sabatini hablando de conciencia social y no encuentra las razones por las que esa conciencia sería necesaria. Encuentra a Messi convertido en misterio sagrado y no encuentra al país que lo vio nacer y que hoy discute otras cosas. No es una omisión deliberada; es una inercia. Argentina, para el exterior, sigue siendo un país que exporta genios y canciones, un territorio del que se habla en pretérito o en clave de leyenda. La muerte de Piero es, en ese sentido, la noticia perfecta: permite escribir sobre Argentina sin escribir sobre la Argentina de hoy. Solo hay que decir «buen viaje querido Piero» y cerrar el obituario.