La muerte del Indio Solari, ocurrida hace tres días, ha generado una cobertura internacional que France 24 Español resume en términos que resultan reveladores sobre cómo el mundo observa a Argentina en este momento. Miles de personas formaron filas de más de tres kilómetros a las afueras de Buenos Aires para despedir al cantautor, un fenómeno que la prensa extranjera no deja pasar. Pero lo que importa aquí no es el hecho en sí, sino lo que ese hecho permite que la cobertura internacional diga sobre el país.
El encuadre es predecible y, en cierto modo, cómodo para la narrativa que la prensa extranjera ha venido tejiendo sobre Argentina. Se trata de una Argentina que se despide de sus leyendas, que honra a sus figuras del pasado, que mantiene una capacidad de movilización emocional colectiva. El Indio Solari es presentado como "un fenómeno en Argentina" que "impactó la vida de varias generaciones". Es decir, la cobertura internacional ve en este funeral masivo una confirmación de algo que ya cree saber: que Argentina es un país donde lo que importa, lo que mueve, lo que convoca, pertenece a un tiempo que ya no es.
Esto no es nuevo. Hace poco, la prensa extranjera se ocupaba de Maradona, de la gloria pasada, de cómo los goles de 1986 explicaban más que cualquier análisis presente. Ahora es el turno del Indio Solari, del rock argentino, de otra leyenda que se va llevándose consigo un pedazo de la identidad colectiva. La prensa internacional parece encontrar en estos momentos de duelo nacional una ventana legítima para reforzar una idea: Argentina es un país que vive de sus recuerdos.
Lo que llama la atención es lo que esta cobertura no dice, o dice de manera lateral. No hay mención a las circunstancias políticas o económicas que rodean este funeral masivo. No hay reflexión sobre qué significa que decenas de miles de argentinos se reúnan para despedir a un artista en un contexto de crisis económica persistente, de inflación, de incertidumbre. La prensa extranjera elige ver el acto como un fenómeno cultural puro, casi desconectado del tejido social y político que lo rodea. Es una lectura que simplifica, que aísla el evento de su contexto, que permite mantener la narrativa de una Argentina nostálgica sin tener que abordar las complejidades de una Argentina que sufre.
Hay ironía en esto. Una movilización masiva en Argentina, en cualquier otro contexto, sería leída por la prensa internacional como un acto político, como una expresión de descontento o de resistencia. Pero cuando se trata de despedir a una leyenda del rock, la misma cobertura la convierte en un acto de nostalgia, de cierre de una era. La prensa extranjera parece cómoda con esta lectura porque encaja perfectamente en el relato que ya ha decidido contar sobre Argentina: un país que mira hacia atrás, que se define por lo que fue, que en el presente no tiene mucho que ofrecer excepto la melancolía de sus glorias pasadas.
Lo genuinamente nuevo en esta cobertura es que confirma una tendencia que ya estaba presente: la prensa internacional está menos interesada en analizar qué está sucediendo en Argentina ahora que en usar los eventos culturales como espejos para reflejar una idea preconcebida del país. El funeral del Indio Solari se convierte así en una oportunidad para la prensa extranjera de decir algo que ya sabía, o creía saber, sobre Argentina. Y eso, en sí mismo, es un diagnóstico de cómo se está cubriendo al país desde afuera: no como un lugar donde ocurren cosas que requieren comprensión, sino como un lugar que confirma narrativas que ya existen.