La prensa internacional, a través de Unicef, ha vuelto a poner el foco en República Dominicana, pero esta vez con una peculiaridad que merece atención: el problema de la menstruación como ventana hacia la desigualdad estructural. No es un dato nuevo en sí mismo —la cifra del 20 por ciento proviene de la encuesta ENHOGAR-MICS de 2019—, pero su circulación internacional ahora, bajo el paraguas de la campaña "Mundo Amigable con la Menstruación", revela algo sobre cómo la mirada extranjera está reencuadrando la crisis dominicana.
Lo significativo es el desplazamiento narrativo. Mientras que los editoriales recientes han enfatizado la violencia letal contra las mujeres como el síntoma más dramático de la crisis de derechos, este reportaje introduce una dimensión menos espectacular pero potencialmente más reveladora: cómo la ausencia de infraestructura básica —agua potable, baños limpios, productos de higiene— se traduce en exclusión sistemática de la educación y la vida social. El ausentismo escolar causado por la menstruación no es un problema de salud individual sino un indicador de fallo estatal en múltiples dimensiones simultáneamente.
Unicef, en boca de su representante Carlos Carrera, articula esto con claridad: se trata de "barreras sociales, culturales y materiales" que operan en conjunto. Pero aquí surge una tensión interesante en el encuadre internacional. El organismo pide políticas públicas, agua potable, baños equipados, productos gratuitos o de bajo costo, educación integral en salud sexual y capacitación docente. Son demandas razonables, pero la prensa extranjera las presenta como si fueran descubrimientos recientes de un problema invisible. La realidad es que República Dominicana lleva años enfrentando estas carencias; lo que cambia es que ahora se las nombra a través del lente de la menstruación.
El aspecto más interesante del relato es la inclusión de testimonios como el de Josefina, la adolescente con endometriosis, que humaniza lo que de otro modo sería una estadística. Pero también revela un riesgo del encuadre extranjero: la tendencia a medicalizar y psicologizar problemas que son fundamentalmente políticos. La endometriosis afecta a una de cada diez mujeres en el mundo, dice Unicef, como si eso fuera una justificación para el ausentismo. Lo es, pero solo en un contexto donde el Estado no ha garantizado ni agua potable ni baños limpios en las escuelas.
Lo que la prensa internacional omite, o al menos no enfatiza lo suficiente, es que estas carencias no son accidentes sino consecuencias de decisiones presupuestarias y políticas. Pedir que se incorporen contenidos sobre menstruación en el currículo escolar es correcto; pedir que se capacite a docentes es necesario. Pero sin inversión en infraestructura básica, sin agua potable garantizada, sin baños dignos en cada escuela, esas políticas de sensibilización quedan flotando en el aire. La prensa extranjera tiende a fragmentar los problemas: aquí habla de menstruación, antes hablaba de feminicidios, mañana hablará de corrupción. Rara vez conecta estos hilos para mostrar que se trata de un mismo tejido de negligencia estatal.
El encuadre de Unicef, difundido por Infobea América, es progresista en intención pero corre el riesgo de convertir un problema de gobernanza en un problema de conciencia. Como si lo que falta en República Dominicana fuera principalmente sensibilidad sobre la menstruación, cuando lo que falta es dinero, decisión política y capacidad administrativa para garantizar lo elemental. Eso no significa que el relato sea falso; significa que es incompleto. Y en esa incompletud reside el verdadero encuadre de la prensa internacional: la capacidad de nombrar síntomas sin interrogar estructuras.