La prensa extranjera que hoy se detiene en Costa Rica lo hace desde un ángulo que ya no sorprende, pero que merece ser examinado con más precisión de la que suele permitirse. Infobae América, al reportar que cada siete horas un conductor recibe multa por ignorar la luz roja, no está simplemente documentando una cifra de tránsito. Está reforzando un encuadre que ha ganado terreno en los últimos meses: el de un país donde la brecha entre norma y conducta se ha vuelto tan evidente que la seguridad vial se convierte en metáfora de un problema más profundo de gobernanza.
Lo que merece atención no es la estadística en sí, sino cómo se presenta. La cifra de 520 conductores sancionados entre enero y mayo de 2026 por cruzar con semáforo en rojo, junto con 69 por no detenerse ante señales de Alto, se ofrece como síntoma de una "tendencia persistente" que la Policía de Tránsito combate mediante vigilancia constante y multas de 245 mil colones. El MOPT, según el texto, insiste en que esto responde a la prisa de los conductores, al uso de dispositivos móviles y a la distracción. Pero hay un detalle que el reportaje subraya con particular énfasis y que revela algo del encuadre extranjero: la "creencia errónea" de que los conductores pueden avanzar en rojo una vez que los peatones han cruzado.
Este último punto es donde la prensa internacional, a través de Infobae, introduce una interpretación que va más allá de lo técnico. No se trata solo de incumplimiento de normas, sino de una distorsión sistemática de las reglas, de una inventiva normativa que los propios conductores generan. El MOPT lo expresa así: "creyendo o inventando reglas que no existen". Esa palabra, inventar, es la que la prensa extranjera parece querer que resuene. No es negligencia pasiva, sino una forma activa de reescribir las reglas según conveniencia.
Lo que se omite en este encuadre es igualmente revelador. No hay análisis del estado de la infraestructura vial, de la sincronización de semáforos, de factores urbanísticos que pudieran explicar la conducta. No hay contexto sobre si esta cifra de 520 sanciones en cinco meses es anómala o forma parte de un patrón histórico. No hay voz de conductores, de expertos en seguridad vial independientes, de académicos que pudieran ofrecer perspectivas alternativas. El relato es vertical: autoridad que documenta incumplimiento, población que incumple.
Lo genuinamente nuevo hoy no es la existencia del problema, sino la insistencia de la prensa extranjera en presentarlo como expresión de una cultura de incumplimiento que ha permeado la sociedad costarricense. Cada siete horas se convierte en una cadencia, casi un ritmo que define al país. Y cuando la seguridad vial se convierte en el principal titular sobre Costa Rica en la prensa internacional, lo que se está comunicando es que el país ha dejado de ser noticia por sus logros o sus crisis políticas de envergadura, para serlo por su incapacidad de hacer que sus ciudadanos respeten las reglas más elementales.
Eso es lo que la prensa extranjera está viendo hoy: no un problema de tránsito, sino un síntoma de descomposición de la autoridad normativa. Y eso, probablemente, preocupe más en los escritorios de redacción internacional que cualquier cifra de multas.