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🇭🇳 Honduraslunes, 15 de junio de 2026

La prensa internacional que cubre Honduras hoy vuelve a encontrar en el país un relato de diagnóstico sin cura, de problemas nombrados con claridad pero sin soluciones que merezcan ese nombre. Infobae América, que funciona como la única ventana por la cual el mundo observa a Honduras en este momento, coloca en el centro de su cobertura la declaración del presidente Nasry Asfura descartando la privatización de la ENEE y señalando la crisis de esa empresa estatal como el principal desafío económico del país.

El encuadre es revelador por lo que enfatiza y por lo que deja intacto. La prensa extranjera toma nota de que Asfura rechaza la privatización, que promete mantener el carácter público de la empresa, que habla de saneamiento financiero y de liberar recursos para salud, educación y seguridad. Estos son los términos del discurso presidencial, y Infobae los reproduce con fidelidad. Pero lo que emerge de esa cobertura es una imagen de un Estado que diagnostica sus propios males con precisión casi clínica sin ofrecer, en realidad, un plan operativo que merezca credibilidad.

La ENEE, según el reportaje, acumula pérdidas millonarias, deudas acumuladas, problemas de infraestructura y una demanda creciente que no puede satisfacer. Asfura reconoce que esto impacta las finanzas públicas, la competitividad nacional, la atracción de inversiones. Todo correcto. Pero cuando llega el momento de explicar cómo se resuelve esto sin privatizar, el texto se vuelve vago: "medidas orientadas a fortalecer la capacidad operativa y financiera" sin especificar cuáles son esas medidas. El presidente pide paciencia, promete cambios graduales, anuncia que las alcaldías recibirán maquinaria. Es el lenguaje de la gestión administrativa enfrentada a un problema estructural.

Lo que la prensa extranjera ve, entonces, es a un gobierno hondureño consciente de sus limitaciones pero incapaz de presentar un camino claro para superarlas. La ENEE no será privatizada, se dice, pero tampoco se explica cómo una empresa quebrada financieramente puede rescatarse sin cambios profundos. Es como si el compromiso político de mantenerla pública fuera suficiente para resolver lo que es, en esencia, un problema técnico y de gestión. El reportaje no cuestiona esta contradicción; simplemente la registra.

Hay un segundo nivel de lectura en el encuadre que Infobae elige. Al colocar la ENEE como el principal desafío económico, la prensa internacional acepta la jerarquía que el gobierno establece. Esto tiene una consecuencia: otros problemas estructurales de Honduras quedan fuera de foco. No aparecen aquí las dinámicas de violencia, la fragilidad institucional más allá del sector energético, las causas de la emigración, la informalidad económica. Honduras se reduce a su crisis eléctrica, que es real pero que no es toda la historia.

El tono del reportaje, además, es el de quien toma nota de las promesas sin verificar su viabilidad. Asfura dice que Honduras va cambiando poco a poco hacia un nuevo rumbo. Infobae registra la declaración. Pero no hay en el texto preguntas sobre cuánto tiempo ha pasado desde que asumió el cargo, qué cambios concretos se han visto, por qué la ENEE sigue en crisis si ya se han identificado soluciones. Es el periodismo del comunicado oficial, no del escrutinio.

Lo genuinamente nuevo en esta cobertura es que Honduras aparece hoy no como un territorio amenazado por tormentas, no como escenario de un incidente de tránsito, sino como un país cuya élite política es consciente de sus problemas pero que carece de instrumentos políticos o de voluntad para resolverlos. Y esa conciencia sin solución, reportada por la prensa extranjera, es quizás más inquietante que cualquier crisis puntual. Porque sugiere que el diagnóstico seguirá siendo preciso, que el discurso seguirá siendo correcto, y que mientras tanto, la ENEE seguirá quebrándose.

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