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🇨🇴 Colombiamiércoles, 17 de junio de 2026

La prensa internacional ha encontrado en la Copa del Mundo 2026 un espacio donde Colombia deja de ser noticia por sus crisis internas para serlo por su aspiración deportiva. El País América cubre hoy el debut de la selección colombiana contra Uzbekistán desde una óptica que merece examinarse: la del regreso triunfal, la de la redención después de ocho años de ausencia de los mundiales.

Lo notable no es el hecho en sí —un equipo que clasifica a un torneo internacional es información rutinaria en cualquier país con tradición futbolística—, sino el tono con el que se narra. Néstor Lorenzo, el entrenador argentino, aparece aquí como un gestor de esperanza que ha logrado lo que parecía improbable. El énfasis en que "no hay equipo pequeño" es una frase que funciona a dos niveles: como constatación deportiva y como afirmación implícita de que Colombia, como nación, ha dejado de serlo. El hecho de que se cite al técnico desde el Estadio Azteca, evocando a Pelé y Maradona, refuerza esa narrativa de grandeza restaurada.

Lo que la prensa extranjera omite en este relato es precisamente lo que ha dominado sus propias páginas en las últimas semanas: un país atravesado por tensiones diplomáticas con Washington, por conflictos internos sobre política exterior, por una agenda presidencial que no siempre fluye sin fricciones. El fútbol, en este sentido, funciona como un paréntesis narrativo. Colombia vuelve a ser grande, al menos por ahora, en la cancha.

Hay algo de alivio en este cambio de encuadre, pero también una cierta comodidad: es más fácil para los medios internacionales cubrir a Colombia cuando el país está ganando partidos que cuando está negociando su lugar en el orden geopolítico. El Mundial ofrece esa tregua, esa oportunidad de contar una historia sin aristas políticas. Hasta que el torneo termine, o hasta que la selección pierda, Colombia será noticia por lo que hace en el campo, no por lo que hace en los pasillos del poder.

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