La prensa internacional enfrenta hoy un problema que trasciende la política electoral peruana: cómo narrar la espera cuando el movimiento ha prácticamente cesado. Casi diez días después de la votación, con el escrutinio superando el 99 por ciento, Keiko Fujimori mantiene una ventaja de apenas 0,214 puntos porcentuales sobre Roberto Sánchez. BBC Mundo, que toma la batuta informativa hoy, formula una pregunta que resume la frustración de cualquier editor enfrentado a esta realidad: cuándo habrá un resultado definitivo.
Lo notable es que esta pregunta ya no tiene respuesta inmediata. El JNE ha estimado que los resultados oficiales no serán proclamados hasta mediados de julio. La BBC lo sabe, lo dice, y sin embargo la pregunta persiste en el titular. Esto revela algo importante sobre cómo la prensa extranjera está procesando Perú en este momento: no como un país que elige, sino como un país que espera. No como una democracia que vota, sino como una que disputa cada papeleta en tribunales.
BBC Mundo dedica espacio considerable a explicar por qué el recuento tarda tanto. Las impugnaciones de miles de actas electorales, la necesidad de que Tribunales Electorales Especiales resuelvan cada una antes de que el JNE proclame al ganador, las estrategias de ambos bandos de impugnar resultados en zonas donde el rival ganó. Todo esto es correcto y necesario. Pero hay un matiz en cómo se presenta: la lentitud aparece como un problema técnico, no como un síntoma de algo más profundo.
El párrafo que cierra el artículo principal es donde la BBC revela su verdadero encuadre. Perú no es un país que elige entre dos proyectos, sino un país que ha tenido nueve presidentes en diez años, marcado por la inestabilidad y las crisis políticas constantes, donde la mayoría de gobernantes ha dejado el cargo acusado de corrupción. Fujimori, si gana, heredaría un país altamente polarizado. Esta es la narrativa que la prensa internacional está tejiendo: no importa quién gane, Perú está roto.
Es una lectura que tiene fundamento. Los números electorales confirman la polarización extrema. Pero hay algo que se pierde en este encuadre: la posibilidad de que el proceso electoral, por lento que sea, por disputado que resulte, esté funcionando. Que los tribunales electorales estén revisando actas impugnadas es lo opuesto a una crisis democrática; es democracia en su forma más ardua. Que ambos candidatos movilicen recursos legales para defender sus intereses es lo normal en una elección cerrada, no una señal de colapso institucional.
La prensa extranjera, al enfatizar la lentitud, la incertidumbre y la historia de inestabilidad peruana, está construyendo una narrativa donde el sistema electoral aparece como un obstáculo para la resolución política, cuando en realidad es el mecanismo mediante el cual esa resolución ocurre. El resultado tardío no es una falla; es el costo de una elección legítimamente disputada.
Lo que BBC Mundo no dice, porque no cabe en su encuadre, es que Perú también podría estar haciendo exactamente lo que una democracia debe hacer cuando los resultados son apretados: contar cuidadosamente, revisar lo que se cuestiona, y dejar que las instituciones electorales hagan su trabajo sin presión de la calle. Eso no es noticia para la prensa internacional. Noticia es la espera, la polarización, la historia de presidentes caídos. Noticia es el caos, no el procedimiento.