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🇨🇱 Chilelunes, 22 de junio de 2026

La prensa extranjera ha descubierto a Pedro Lira Rencoret en un momento que, visto desde cierta distancia, resulta casi paradójico. Mientras Chile navega las turbulencias de su presente político y social, Infobea América dedica su sección de belleza a un pintor del siglo diecinueve que, según el artículo, "inventó" el arte chileno. No se trata de una frivolidad. Es, en cambio, un acto de encuadre que merece atención porque revela algo sobre cómo la mirada internacional elige narrar a Chile cuando prefiere no hablar de Chile en tiempo presente.

El texto sobre Lira es erudito, generoso, casi reverencial. Describe a un hombre que comprendió que el arte debía ser herramienta de construcción nacional, que fundó instituciones, que abrió puertas a jóvenes de sectores populares, que desnudó la crisis social de su época en obras como El niño enfermo. Es decir, describe a alguien que operó en un momento de consolidación institucional pero también de desigualdad creciente, y que eligió usar su talento y su poder para documentar ambas cosas. El Lira que nos presenta Infobae es un visionario que supo transitar entre la iconografía estatal y la denuncia social.

Pero aquí está lo revelador: la prensa extranjera publica esto ahora, cuando Chile enfrenta una crisis de legitimidad institucional que no cesa, cuando su clase política sigue atrapada en dilemas que parecen irresolubles, cuando la pregunta sobre qué Chile es y qué Chile quiere ser no tiene respuesta clara. Y en lugar de examinar esa pregunta, la cobertura internacional retrocede hacia el siglo diecinueve para encontrar un momento donde un hombre de talento logró, aparentemente, resolver la tensión entre lo fundacional y lo social, entre la construcción estatal y la justicia.

No es que Lira no merezca ser recordado. Lo merece. Pero el timing del encuadre sugiere algo: cuando la realidad contemporánea de Chile se vuelve demasiado compleja o demasiado incómoda para narrar, la prensa extranjera retrocede hacia un pasado donde al menos las intenciones de alguien fueron claras, donde el arte funcionó como instrumento de verdad, donde las instituciones fueron construidas por gente que entendía que la belleza y la justicia podían coexistir.

Es una forma elegante de cambiar de tema. Y es, también, una forma de dejar a Chile en el museo.

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