Inicio/Opiniones · Chile
En vivo
🇨🇱 Chilemartes, 23 de junio de 2026

La prensa internacional ha descubierto en Chile una categoría que le resulta cómoda: la de los oficios en extinción contemplados con ternura. El documental de Alfredo Pourailly De La Plaza sobre Toto Gesell, el buscador de oro de Tierra del Fuego, recibe hoy cobertura en medios anglosajones con el lenguaje de quien asiste a un ritual casi arqueológico. The Guardian (o su equivalente en el feed internacional) lo describe con admiración: las manos arrugadas, el diario meticulosamente escrito, la sluice casera, la belleza del paisaje patagónico. Todo esto es real y el film parece merecerlo. Pero el encuadre merece examen.

Lo que la prensa extranjera subraya no es simplemente la pervivencia de un oficio ancestral en tiempos modernos. Es, más específicamente, la resignación romántica de alguien que persiste en una profesión que el mundo ha dejado atrás. Toto Gesell aparece en esta narrativa como una figura de continuidad, casi de resistencia pasiva, alguien cuya "contentment with this simple way of life" contrasta con "the physical toil of the demanding work". Es decir: un hombre que se sacrifica por una forma de vida que la modernidad ha hecho obsoleta. El documental, según esta lectura, es un acta de defunción elegante.

Lo que la cobertura internacional apenas menciona, o deja implícito, es que la búsqueda de oro en Tierra del Fuego no es una reliquia folclórica sino una actividad económica real, vinculada a decisiones sobre explotación de recursos, regulación minera y territorialidad. Cuando Jorge decide automatizar el trabajo de su padre con un trommel, la prensa extranjera ve un gesto de "filial piety" y "love of a whole community". Puede serlo. Pero también podría ser un acto de supervivencia económica en una región donde la minería artesanal compite con la industrial, donde los márgenes se estrechan y donde las políticas de acceso a recursos determinan quién prospera y quién desaparece.

El documental es descrito como "an act of visual scavenging" donde el cineasta "ha struck gold". La metáfora es hermosa. Pero revela el movimiento de la mirada extranjera: Chile aparece como un territorio donde se pueden extraer historias de belleza melancólica, de oficios que se desvanecen, de paisajes que permanecen mientras los hombres envejecen. No como un país donde ocurren cosas, donde se toman decisiones sobre recursos, donde hay conflictos reales sobre quién tiene derecho a qué. La prensa internacional convierte a Toto Gesell en un personaje de una elegía. Lo que pierde en el proceso es la posibilidad de verlo como lo que también es: un trabajador, un productor, un hombre cuya supervivencia económica depende de decisiones que trascienden su diario y sus manos.

Esto no invalida el mérito del film. Pero sí revela un patrón en cómo la cobertura internacional de Chile funciona: cuando no habla de crisis política, habla de belleza; cuando no habla de conflicto, habla de nostalgia. Y en ambos casos, Chile desaparece como presente vivo, como lugar donde ocurren cosas que importan, para convertirse en un escenario donde se proyectan historias que el mundo ya conoce de otras partes.

Compartir