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🇵🇦 Panamámiércoles, 24 de junio de 2026

La prensa internacional que cubre a Panamá hoy retoma un hilo narrativo que había quedado en suspenso: el de la cooperación bilateral con Washington. Pero lo hace en un contexto que merece desmenuzarse, porque revela algo sobre cómo se está reencuadrando la relación panameña con Estados Unidos bajo la administración Trump.

El reportaje de Infobae América sobre la visita del subsecretario de Estado Christopher Landau presenta una Panamá que funciona, en la mirada extranjera, como un socio útil y predecible. Las palabras clave están todas ahí: cooperación, seguridad fronteriza, gobernanza democrática, inmigración ilegal, delincuencia transnacional. No son temas nuevos en la agenda bilateral, pero su énfasis simultáneo en esta visita sugiere que Washington está enviando un mensaje de calibración. Trump regresa a la Casa Blanca, y Panamá —que bajo Biden había experimentado cierta normalidad en la relación— necesita confirmar su utilidad en la nueva arquitectura de prioridades estadounidenses.

Lo interesante no es que Panamá coopere en estas áreas. Lo interesante es cómo la prensa extranjera enmarca esa cooperación: como un acto de reafirmación. Mulino, según Infobea, "reafirmó que Estados Unidos es el principal socio de Panamá". La palabra reafirmar es reveladora. No se trata de una declaración inaugural, sino de una confirmación de lo obvio, como si ambos gobiernos estuvieran estableciendo públicamente que la relación sigue en pie. Eso sucede cuando hay incertidumbre, aunque sea silenciosa.

El mensaje de gratitud de Landau es particularmente instructivo: agradece a Panamá por cooperar en migración, seguridad, salud y puertos. Estos son los servicios que Panamá presta. Así los ve la prensa internacional que reporta desde Washington: como un catálogo de funciones que el país centroamericano cumple para la agenda estadounidense. No hay mención de inversión panameña en Estados Unidos, de innovación panameña, de liderazgo panameño en ningún área. Panamá coopera, recibe agradecimiento, y la relación se reafirma.

Lo que la cobertura de Infobea omite, o al menos no subraya, es cualquier pregunta sobre qué obtiene Panamá a cambio más allá de la estabilidad de esa relación. El texto menciona que Panamá ha sido "un socio cooperador estratégico" en los últimos dos años, pero no hay análisis de qué beneficios concretos ha derivado de esa cooperación, ni qué espera obtener en los próximos años bajo una administración Trump que ha mostrado poco interés en la retórica multilateral que caracterizó a Biden.

La mención de la conversación entre Mulino y el presidente electo de Colombia, Abelardo De La Espriella, funciona como un contrapeso narrativo, pero débil. Infobea la incluye en el mismo despacho, como si fuera un apéndice de la visita estadounidense. Mulino habla de pragmatismo, de negocios, de interconexión eléctrica. Son palabras que sugieren una visión panameña más autónoma. Pero el hecho de que esta conversación aparezca subordinada, en términos de jerarquía editorial, a la reunión con Washington dice algo sobre cómo la prensa internacional está priorizando las fuentes de poder que moldean a Panamá.

La prensa extranjera, en suma, está leyendo a Panamá hoy como un país que confirma su lugar en un orden regional donde Washington define las prioridades, y Panamá las ejecuta. No hay crítica explícita en esa lectura, pero tampoco hay sorpresa o admiración. Hay, simplemente, la constatación de que las cosas funcionan como se espera que funcionen. Eso es, quizá, lo más revelador de todo.

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