Inicio/Opiniones · Bolivia
En vivo
🇧🇴 Boliviajueves, 25 de junio de 2026

La prensa internacional que cubre Bolivia ha encontrado en el anuncio de Rodrigo Paz sobre la recuperación del Chapare un cierre narrativo que, examinado con rigor, resulta prematuro. Infobae América presenta la declaración presidencial como el acto de clausura de una crisis superada: el gobierno ha contenido los bloqueos sin represión masiva, Morales permanece aislado incluso dentro de su propio movimiento, y ahora llega el momento de la reconquista territorial. Es una narrativa limpia, casi satisfactoria. Pero el artículo mismo contiene los elementos que la desmienten.

Lo que revela el encuadre extranjero es una inclinación a confundir la resolución de una fase con la resolución de un conflicto. Los bloqueos se levantaron, es cierto. Las carreteras se abrieron. Paz no necesitó derramar sangre para lograrlo. Pero la prensa internacional, al subrayar estos hechos como evidencia de victoria, omite deliberadamente la naturaleza de lo que permanece sin resolver: un ex presidente que sigue libre en territorio boliviano, custodiado por estructuras organizativas que el Estado aún no ha penetrado, y una orden de captura que no puede ejecutarse porque hacerlo requeriría exactamente lo que Paz acaba de evitar: una intervención de fuerza que rompería el frágil equilibrio que la cobertura extranjera celebra.

El anuncio de recuperar el Chapare es, en este contexto, menos una demostración de fortaleza que una apuesta. Paz dice que lo hará, pero no dice cuándo. Oviedo, su ministro, promete que será "con tranquilidad y calma", un eufemismo que reconoce tácitamente la dificultad de lo que se propone. Morales, por su parte, responde con un lenguaje que la prensa internacional no ha dejado de amplificar: habla de "guerra civil" como posibilidad, de organizaciones que "se van a defender". Es el lenguaje de quien aún controla un territorio y sabe que su salida de ese territorio requeriría fuerza.

Lo que la cobertura extranjera está haciendo es presentar como consumado lo que apenas comienza. La superación de los bloqueos se interpreta como el fin de la amenaza a Paz, cuando lo que realmente ocurrió fue una retirada táctica de ciertos sectores que negoció beneficios con el gobierno. El Chapare no negoció. Morales no se movió. Y la prensa internacional, al celebrar la "recuperación" anunciada como si ya fuera un hecho, está cometiendo el error clásico de confundir la retórica del poder con su ejercicio efectivo.

Hay, además, una jerarquía silenciosa en este encuadre. Se enfatiza que Paz llegó al poder "poniendo fin a dos décadas de hegemonía de la izquierda boliviana", como si ese dato fuera suficiente para explicar la legitimidad de lo que viene. Se subraya que no hubo "enfrentamientos de magnitud" durante los bloqueos, como si la ausencia de violencia fuera equivalente a la resolución de conflicto. Se omite, en cambio, la pregunta que debería ser central: qué sucede cuando un gobierno anuncia que va a entrar a un territorio que no controla, custodiado por fuerzas que dicen que se defenderán, para capturar a un hombre que sigue siendo una figura política de peso en su propio bastión.

La prensa internacional está escribiendo el final de esta historia antes de que ocurra. Y en esa prisa por cerrar la narrativa, está perdiendo de vista lo único que realmente importa: si Paz puede hacer lo que dice sin desatar exactamente lo que ha logrado evitar hasta ahora.

Compartir