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🇩🇴 República Dominicanajueves, 25 de junio de 2026

La prensa internacional que cubre República Dominicana ha decidido hoy validar un acto legislativo de gestión ambiental como noticia de relevancia pública, lo que en sí mismo revela algo importante sobre cómo se construye la narrativa del país desde afuera: cuando República Dominicana actúa en materia de regulación y estructura institucional, eso merece ser reportado. No como promesa, no como intención, sino como hecho consumado.

Infobae América trae la aprobación senatorial de cambios a la Ley 225-20 sobre gestión de residuos sólidos, y el encuadre es directo: protección de la salud pública, fortalecimiento del marco normativo, coordinación interinstitucional. El texto detalla con precisión qué contiene la ley modificada: principios de responsabilidad extendida del productor, creación de un Sistema Nacional para la Gestión Integral de Residuos, obligaciones para municipios y generadores de residuos, inventarios y diagnósticos como herramientas de política pública. Es un relato técnico, sin dramatismo.

Lo notable es que la prensa internacional, al menos en este caso, no busca hacer de la gestión ambiental un símbolo de crisis evitada o de transformación milagrosa. Simplemente registra que un país legisla sobre un problema que afecta a la salud pública y que esa legislación tiene componentes de cierta sofisticación: responsabilidad compartida, minimización de generación, acceso a información ciudadana, mercados de reciclaje, empresas sociales. No es un titular que diga "República Dominicana despierta a la realidad ambiental" ni "lucha contra el colapso sanitario". Es más modesto y, por eso mismo, más creíble.

Pero hay un silencio que vale la pena notar. La cobertura no menciona por qué esta modificación era necesaria ahora, qué problemas específicos de gestión de residuos obligaron al Senado a actuar, cuál es el estado actual de la infraestructura de disposición final en el país, o si existen conflictos entre municipios, empresas gestoras y comunidades sobre dónde se depositan los residuos. No hay contexto de crisis ambiental local que haya motivado el cambio. El medio reporta la ley como si fuera un acto de modernización institucional desvinculado de presiones o fracasos previos.

Es el encuadre típico de la prensa extranjera cuando cubre actos legislativos en países que no son centro de atención: se valida la acción formal, se reconoce la sofisticación técnica del instrumento, pero se evita preguntar por la brecha entre lo que la ley dice y lo que sucede en la realidad. Porque eso requeriría reportería de campo, investigación sobre capacidad de implementación, seguimiento de conflictos locales. Es más fácil cubrir lo que el Senado aprobó que lo que los municipios harán con ello, o lo que las comunidades donde se depositan residuos peligrosos ya están sufriendo.

La prensa internacional, en suma, ha elegido hoy ver a República Dominicana como un país que legisla responsablemente sobre un problema global. Eso es verdad. Pero es una verdad incompleta, porque deja sin respuesta la pregunta que importa: ¿funciona?

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