La prensa internacional continúa leyendo el cambio de gobierno en Colombia a través de la lente de la seguridad y el orden, pero hoy emerge un detalle que merece atención: la caracterización de Abelardo de la Espriella como "ultraderechista" y la insistencia en los símbolos que acompañaron su proclamación oficial.
France 24 no se conforma con reportar el ultimátum de treinta días a los grupos armados. Subraya el saludo militar que De la Espriella ejecutó al recibir las credenciales, menciona explícitamente su admiración por Donald Trump, documenta que es "donante del Partido Republicano" y destaca que hizo su fortuna defendiendo a clientes "polémicos" como Alex Saab y David Murcia Guzmán. El medio francés está construyendo un retrato que va más allá del discurso de seguridad: está trazando un perfil ideológico y, implícitamente, cuestionando la legitimidad de ciertos aspectos de su trayectoria.
Lo interesante es que France 24 no oculta estos datos, pero tampoco los desarrolla como análisis crítico. Los presenta como hechos contextuales, dejando que el lector arme el cuadro. El ultimátum aparece así no como una medida aislada de mano dura, sino como parte de un proyecto más amplio: reducción del Estado, reactivación de petróleo y gas, ajuste fiscal, y un giro geopolítico evidente hacia la órbita de Trump.
Hay algo más sutil en el encuadre. Mientras que la "paz total" de Petro fue cubierta por la prensa internacional como un experimento arriesgado pero moralmente ambicioso, el rechazo de De la Espriella a esas negociaciones aparece como "imperio de la ley" sin matices. No se pregunta qué significa "sometimiento al Estado de derecho" cuando el Estado ha mostrado históricamente incapacidad para garantizar justicia efectiva a víctimas de conflictos previos. No se cuestiona si treinta días es un plazo realista o si es más un gesto retórico dirigido a su base electoral.
Lo que la cobertura extranjera sigue omitiendo es el dilema que Colombia enfrenta realmente: si la "paz total" fracasó por ambiciosa, ¿qué garantiza que la mano dura funcionará donde ha fallado antes? La prensa internacional, al asumir el marco de De la Espriella sin problematizarlo, está reproduciendo un discurso que simplifica un conflicto que es cualquier cosa menos simple. Y en eso reside el verdadero sesgo del día: no en lo que se dice, sino en lo que se deja sin preguntar.