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🇨🇷 Costa Ricasábado, 27 de junio de 2026

La prensa extranjera que hoy se detiene en Costa Rica lo hace desde un ángulo que marca un giro notable en su narrativa sobre el país: el de un Estado que ya no solo responde a crisis, sino que anticipa. Infobae América, al reportar las jornadas de capacitación del MINAE y el MAG sobre el Fenómeno de El Niño, no está simplemente documentando una iniciativa de comunicación institucional rutinaria. Está capturando algo que la mirada internacional rara vez ha subrayado con esta claridad en Costa Rica: la existencia de una arquitectura estatal capaz de pensar en futuro, de movilizar recursos interinstitucionales de manera coordinada, y de hacerlo con suficiente anticipación como para que tenga sentido.

El contraste es revelador. Durante meses, la cobertura extranjera de Costa Rica ha gravitado alrededor de la infiltración criminal, la debilidad institucional, la violencia que perfora las fronteras del Estado. La narrativa dominante ha sido la de un país sitiado, reactivo, donde las autoridades corren detrás de los hechos. Este reportaje de Infobea introduce un matiz distinto: aquí hay instituciones que sesionan extraordinariamente desde marzo, que coordinan con el Instituto Meteorológico Nacional, que convocan a productores agropecuarios, a comités de emergencia, a asociaciones de acueductos. Aquí hay una Comisión Consultiva Técnica del ENOS que accede a los pronósticos climáticos mensuales más recientes y los traduce en recomendaciones específicas sobre ensilajes, gestión hídrica, infraestructura verde.

Lo interesante no es que Costa Rica tenga capacidad de prevención. Lo interesante es que la prensa extranjera, al reportarlo, parece estar reconociendo algo que su propia narrativa de crisis había oscurecido: que el Estado costarricense sigue funcionando en dimensiones que no son las del crimen organizado. Que hay meteorólogos, técnicos agrícolas, especialistas en pesca que trabajan. Que hay una estrategia nacional contingente para 2026-2027. Que hay plataformas habilitadas por la Comisión Nacional de Emergencias donde la información es pública.

Pero hay algo más sutil en el encuadre. Infobea subraya que las charlas se dirigieron a "regiones con mayor riesgo de afectación", que el Pacífico Norte concentra "la mayor exposición a los efectos climáticos adversos". La prensa extranjera, al reportar sobre vulnerabilidad climática en Costa Rica, está trazando una geografía de riesgo que se superpone a la geografía criminal que ha dominado sus titulares. El Pacífico Norte no es solo una zona de tránsito de drogas. Es también una zona de ganadería, de producción agrícola, de comunidades que dependen del agua. La mirada internacional, al detenerse en esto, está reconociendo que Costa Rica enfrenta múltiples crisis simultáneamente, y que algunas de ellas no son criminales sino climáticas.

Lo que la prensa extranjera omite, sin embargo, es igualmente revelador. No hay en este reportaje reflexión alguna sobre si estas medidas de adaptación serán suficientes, sobre cuál es el presupuesto real asignado, sobre si la coordinación interinstitucional que se describe en el papel se traduce realmente en capacidad operativa en el terreno. No hay voz de productores que explique si estas charlas llegan a tiempo, si las recomendaciones son viables, si el acceso a recursos del INDER es real o retórico. La prensa extranjera documenta la intención institucional, pero no interroga su efectividad.

Hay también una ausencia que merece notarse: ninguna reflexión sobre cómo la crisis de seguridad que ha dominado la cobertura internacional de Costa Rica en los últimos meses afecta la capacidad del Estado para ejecutar una estrategia de adaptación climática de largo plazo. Si las instituciones están bajo presión criminal, si hay infiltración en sectores clave, si los recursos se desvían hacia operativos de seguridad, ¿cuánta energía institucional queda realmente para prevención climática? La prensa extranjera no lo pregunta. Presenta el funcionamiento estatal en silos: aquí el crimen, allá la prevención climática. Como si ambas realidades no compitieran por los mismos recursos, los mismos funcionarios, la misma atención.

Lo que sí queda claro es que Costa Rica, en la mirada extranjera de hoy, ha dejado de ser un país donde solo ocurren cosas malas. Ha vuelto a ser un país donde también ocurren cosas. Donde hay planificación, coordinación, anticipación. Donde los ministerios hablan con los meteorólogos, donde los técnicos tienen recomendaciones, donde hay una plataforma nacional de emergencias. Es un reconocimiento modesto, casi imperceptible. Pero en el contexto de meses de cobertura sobre narcotráfico e infiltración criminal, es un cambio de tono que no debería pasarse por alto.

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