La prensa internacional ha optado hoy por ver a Honduras como un país que experimenta una tragedia de infraestructura, pero sin interrogar las estructuras que la producen. Infobea América reporta el derrumbe en el Anillo Periférico de Tegucigalpa que cobró tres vidas, las labores de rescate que se extendieron más de 48 horas, el trabajo de bomberos y equipos de emergencia. El relato es competente en sus detalles operativos: menciona la complejidad del terreno, el riesgo de nuevos deslizamientos, las toneladas de tierra removidas, el incendio que complicó el rescate. Pero se detiene ahí, en la superficie de lo que sucedió.
Lo que merece atención es lo que el encuadre extranjero deja sin desarrollar. El artículo reconoce que las recientes lluvias pudieron haber debilitado el terreno, que especialistas han señalado la necesidad de investigaciones geotécnicas, que diversos sectores han solicitado evaluaciones especializadas. Pero estas observaciones quedan flotando como posibilidades, no como interrogantes sistemáticas. No hay en el texto una pregunta más incómoda: por qué hay bodegas construidas bajo una ladera en una zona de la capital donde los deslizamientos son una amenaza recurrente. No hay mención a normativas de construcción incumplidas, a inspecciones previas omitidas, a decisiones de planificación urbana que permitieron que estructuras se levantaran en terreno vulnerable.
El presidente Asfura aparece en el relato cumpliendo un rol que la prensa internacional reconoce como legítimo: expresar condolencias, solidaridad, oraciones. El Gobierno reiteró su solidaridad y reconoció el trabajo de los cuerpos de socorro. La cobertura extranjera parece satisfecha con que la autoridad haya respondido emocionalmente a la emergencia. Pero no pregunta qué debería haber hecho antes de que tres personas murieran bajo los escombros.
Este es el patrón recurrente en cómo la prensa de fuera observa a Honduras: los desastres naturales o las tragedias se reportan como hechos consumados, lamentables pero inevitables, y la respuesta institucional se mide en términos de humanidad demostrada después del hecho, no en términos de prevención omitida. Honduras aparece como un país donde las cosas suceden, no como un país donde ciertas cosas podrían haberse evitado mediante decisiones diferentes. La vulnerabilidad se naturaliza. La negligencia se disuelve en la compasión.