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🇨🇴 Colombiamiércoles, 1 de julio de 2026

La prensa internacional ha encontrado en Colombia un país donde los problemas ambientales se resuelven con una solución tan ingeniosa como inesperada: comiéndose la amenaza. El País América publica hoy un reportaje sobre cómo pescadores y científicos en Providencia capturan y procesan pez león, una especie invasora que devasta los arrecifes de coral, para convertirla en alimento y así proteger uno de los ecosistemas más valiosos del país. Es un encuadre que merece atención, no por lo que dice, sino por lo que revela sobre cómo la mirada extranjera está reposicionando a Colombia en el tablero global.

Durante semanas, la cobertura internacional ha oscilado entre dos narrativas: la del gobierno de mano dura enfrentando grupos armados y la del presidente De la Espriella buscando legitimidad religiosa. Ambas sitúan a Colombia como un país en crisis, como un laboratorio de conflictividad y transición política donde las soluciones son siempre complejas, dolorosas, ideológicamente cargadas. Hoy, sin embargo, la prensa extranjera descubre a Colombia en un registro completamente distinto: el de la innovación ambiental pragmática, el de una comunidad que no espera a que las instituciones globales resuelvan un problema ecológico, sino que lo enfrenta con una lógica que es a la vez científica y popular.

El pez león es un invasor que llegó al Caribe colombiano hace décadas y ha devastado los arrecifes de coral. La solución que El País retrata no es una prohibición, ni una campaña de conciencia, ni un fondo internacional de conservación. Es algo mucho más directo: matar la especie invasora y comerla. Convertir la amenaza en proteína. Es una narrativa que la prensa internacional encuentra seductora porque resuelve un dilema ambiental sin victimizar a nadie, sin culpables ideológicos, sin necesidad de que alguien renuncie a sus intereses. Los pescadores ganan ingresos. Los arrecifes se recuperan. La biodiversidad se salva.

Lo interesante es que este encuadre representa un cambio tácito en cómo se ve a Colombia desde afuera. No como un país donde todo es conflicto, sino como un país donde hay soluciones creativas a problemas reales. Es una mirada más matizada, menos catastrofista, aunque también más reducida. Porque al enfatizar la innovación ambiental, la prensa internacional está haciendo lo que siempre hace: buscar la historia que se ajusta a su narrativa del momento. Hace poco era la dureza securitaria. Hace poco era la religiosidad del nuevo presidente. Ahora es la sostenibilidad ingeniosa.

Lo que permanece invisible en este encuadre es la pregunta más incómoda: cómo llegó el pez león al Caribe colombiano en primer lugar, quién es responsable de esa invasión, qué cambios en la gobernanza marina y en los tratados de comercio permitieron que una especie invasora colonizara un ecosistema tan frágil. El reportaje de El País no lo pregunta. Tampoco lo hace la prensa internacional que lo amplifica. Es más fácil celebrar a los pescadores que comen pez león que interrogar los sistemas que permitieron la invasión.

Colombia aparece hoy en la prensa extranjera como un país que resuelve sus problemas con ingenio local, no con confrontación política ni con angustia existencial. Es una imagen más amable que la de hace dos semanas. Pero también es una imagen que domestica el problema, que lo convierte en una anécdota de sostenibilidad en lugar de una evidencia de cómo los sistemas globales de comercio y gobernanza marina fallan a los países del Sur. La prensa internacional ha encontrado una forma de hablar de Colombia que es positiva, que es esperanzadora, que no requiere que nadie en el Norte se sienta responsable de nada. Por eso el reportaje brilla hoy en las secciones de América Futura. No porque sea falso, sino porque es cómodo.

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