La prensa internacional que hoy se detiene en Costa Rica lo hace desde un ángulo que resulta, en cierto modo, reconfortante: el de un Estado que reacciona. Infobae América documenta cómo el Ministerio de Salud despliega operativos coordinados, fumiga viviendas, visita domicilios, recolecta residuos y lanza campañas educativas frente a un brote de dengue concentrado en Orotina. Las cifras son concretas: 16,666 casas fumigadas, 1,843 visitas realizadas, 1,411 casos acumulados en el país, 124 de ellos en ese cantón específico. La respuesta institucional existe, es medible, está documentada.
Sin embargo, lo que la cobertura extranjera subraya sin decirlo explícitamente es también revelador: la enfermedad está donde está porque las condiciones que la reproducen siguen siendo las que siempre fueron. El dengue no es un virus que haya descubierto nuevas formas de transmisión. El Aedes aegypti sigue reproduciéndose en agua estancada dentro y alrededor de las viviendas, exactamente como lo hacía hace años. Lo que cambia es la intensidad de la respuesta, no la vulnerabilidad estructural que permite que Orotina se consolide como el epicentro nacional de contagios.
Hay aquí una narrativa que la prensa internacional maneja con cierta soltura: la de un país que posee capacidad estatal para reaccionar ante crisis puntuales pero que no logra transformar esa capacidad en prevención sistémica. Costa Rica no carece de recursos, de conocimiento epidemiológico o de autoridades sanitarias competentes. Lo que parece carecer es de la capacidad de convertir esa reacción en cambio permanente. El operativo de Orotina es una respuesta a una crisis ya instalada, no una estrategia que haya evitado que la crisis llegara.
La cobertura también subraya, sin énfasis dramático, el rol que se espera de la ciudadanía: eliminar recipientes, permitir inspecciones, participar en limpiezas comunitarias. Es el lenguaje clásico de la responsabilidad compartida, pero en contextos donde la infraestructura de agua, saneamiento y gestión de residuos debería haber resuelto estas condiciones hace décadas, ese lenguaje adquiere un matiz particular. Se pide a los ciudadanos que compensen con vigilancia doméstica lo que la planificación urbana y ambiental no ha logrado garantizar.
Lo que la prensa extranjera ve en Costa Rica hoy, entonces, no es un país que ha fracasado en contener el dengue, sino uno que ha desarrollado una capacidad de respuesta táctica sin lograr resolver la vulnerabilidad crónica que la hace necesaria. Es un matiz importante, porque sugiere que el problema no es la ausencia de Estado, sino la persistencia de un Estado que reacciona sin transformar.